El desvío a Santiago

El desvío a Santiago. Cees Nooteboom. Trad. Julio Grande. Barcelona: Random House Mondadori, 2007

Detour

Nunca he tenido especial inclinación por repetir lecturas, yo soy más de la filosofía del prota de Los detectives salvajes, por aquello de que “el mundo está lleno de libros esperando a que yo los lea” así que no, no vuelvo atrás y paso las páginas que ya pasé en su momento con el contexto que tocaba para leerlas diferentes (porque yo también lo soy y estas cosas van unidas, siempre).

No, no lo hago casi nunca.

Pero es que en esta ocasión resulta que iba a conocer personalmente (lo iba a ir a buscar al aeropuerto y lo acompañaría hasta su hotel) al que había escrito algo que yo había estudiado y que en ese contexto, en esa primera vez que yo lo había leído, me había sorprendido y entusiasmado. No nos engañemos: las lecturas programadas cuando se estudia no suelen ser agradables, ni los trabajos obligatorios que que a una le toca hacer a continuación. Pero este libro, este libro me había gustado mucho ¡así que al cuerno! Me lo leí otra vez y al estilo maratón, esto es: dos días y dos noches.

El desvío a Santiago es un texto en el que se nos enseña historia de España y se nos describen algunos de sus pueblos, ciudades y museos (los que le cuadran al peregrino “más o menos” directamente en su desplazamiento hacia Santiago de Compostela) por todo ello no es de las peores lecturas para volver a trabajarse, porque se aprenden y/o se recuerdan muchas cosas que es bueno conocer y/o no olvidar.

Yo imaginaba al señor Nooteboom como a un afable anciano colmado de sabiduría, que generosamente nos regalaría frases y comentarios sobre sus varias publicaciones mientras hacía lo que había venido a hacer con nosotros, por unos días, pero me estaba engañando. Yo, con mi cabeza en plena efervescencia de relatos y anécdotas suyas descritas en aquel compendio del peregrino “sin prisa”, escuchaba y asentía pero no reconocía al caminante curioso y deseoso de saber más sobre el Quijote, las gallinas de Santo Domingo de la Calzada o la tristeza de Mariana de Austria según la había retratado Velázquez en el cuadro que cuelga por las paredes del Museo del Prado… Yo me encontré con un señor trabajando. Qué lástima.

Aún así, me alegro de haber recuperado el texto, porque nada es en balde: releer un libro que es digresión pura y oda al hecho mismo de irse por las ramas literal y físicamente, cuando se viaja, cuando se habla, cuando se escribe. Eso da gusto aprenderlo y ojalá que se pegue fácilmente.

Organizaré mi agenda para próximos viajes y afilaré mi pluma.

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