Distorsiones

Distorsiones. David Roas; Madrid; Páginas de Espuma; 2010.

Turbia imagen

Solían decir que a mis cuentos les faltaba “acción”. En tiempos lejanos, tiempos del pasado durante los cuales dedicaba parte de mis jornadas a componer ficciones decían, insisto, que a esas historias breves mías les faltaba acción.

Quizás sólo quisiera recrearme en descripciones de momentos o de situaciones, en la presentación de algún personaje con ínfulas de redondez al que sin embargo, a penas fuera a darle tiempo de vivir nada por lo breves que eran aquellos cuentos.

Cultivados desde la introspección y la soledad más genuinas (el taller era de literatura, no de “creación literaria” ni de “escritura” de modo que escribir, escribía sin ayuda de nadie) aquellos relatos no iban a llegar muy lejos nunca y ellos lo sabían, sin embargo, albergaban la esperanza de encontrarse algún día con otros a los que aspirar a parecerse.

El momento ha llegado.

Y es que David Roas (Barcelona, 1965) escribe en esta recopilación de un modo muy solitario, por eso me han llamado tanto la atención los 29 cuentos contemplados en Distorsiones. Los protagonistas de sus historias surgen de esa nada tan llena de significado a la que recurren a menudo cultivadores del género gótico, romántico o desangelado sin más. La nada del personaje que irrumpe en escena tras un largo viaje; la nada del hombre silencioso que camina sin que sepamos hacia dónde -ni desde dónde- esa nada del que reflexiona consigo mismo y responde a preguntas para sus adentros… el vacío, en suma.

Porque ¿se puede estar más solo y contra el mundo que como lo está Ulises? el protagonista de Elegido para la gloria da mucha pena por ser encarnación pura del ser frustrado, de aquel que ansía aventuras y jamás las encuentra.

Duplicados, por ejemplo, es un cuento que roba sonrisas tratando con física cuántica y sacando a al luz (¡por fin!) las teorías sobre mundos múltiples del padre de Mark Oliver Everett.

Como sonreír solo siempre es mejor que no sonreír en absoluto, Das Kapital invita a hacerlo tomando como materia prima la hipocresía y el contraste social.

Los textos de Roas son misteriosos: son simpáticos pero perturban la paz del lector desprevenido, un característica que yo persigo y que admiro cuando me topo con ella. Las cosas que forman parte de nuestro entorno cotidiano y en las que aparece el sello inconfundible de LO FANTÁSTICO, por tocar las narices y porque da una redondez a los cuentos que ya quisieran muchos personajes de historias mediocres para sí.

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