Contra la hipermetropía

Contra la hipermetropía. Fernando León de Aranoa; Barcelona; Debate; 2010

Todos juntos

No tengo idea de si los textos que se agrupan en este volumen editado por DEBATE en septiembre de 2010 son efectivamente todos los que ha publicado su autor hasta la fecha, o sólo unos pocos, imagino que más bien sea esta última posibilidad la verdadera, que Fernando León debe de haber escrito mucho muy a menudo y que sigue haciéndolo. Me daría una alegría que alguien me lo confirmara, porque lo reconozco: soy fan de Fernando León.

Fanática de todo lo que explica, de los pasos que sigue para hacerlo y de los resultados finales de absolutamente todas las obras que empieza y que termina, que estrena, que publica. Me gusta el estilo de este escritor que dirige cortos y largometrajes, de este director que escribe guiones y artículos, relatos sobre vidas de gente real en escenarios dolorosamente reales y sin embargo tan fantásticos, tan poéticos, tan imposibles.

Admiro con muchas ganas, el trabajo del que entró por la habitación de los dibujos y las pinturas, que un día se coló en la de los textos, decidió quedarse y ahí sigue, escribiendo.
Pero ¿sobre qué escribe Fernando León? en este libro, parece que sobre su cine o más bien, sobre lo que ocurre antes, durante y después de que se estrenen sus películas:

“El comerciante le contó entonces la historia de un joven pastor de cabras, excelente narrador de historias que sin embargo era incapaz de contarse a sí mismo, porque como todos los buenos narradores, se contaba a través de sus relatos, y cuando hablaba del valor ajeno, de la cobardía o de la belleza de otras personas, hablaba en realidad de su propio valor, de su propia cobardía, de su propia belleza. Ésa era la razón por la que el pastor no supo contrase a sí mismo: ya lo había hecho, y como es bien sabido, los buenos narradores jamás repiten dos veces la misma historia…”

[op. cit. pp. 14]

Es bien sabido, por todos: los que lo premiaron desde la Academia y los que aplaudieron sus palabras al recoger los galardones, cada vez que lo ha hecho; los que acudieron a las salas de cine en que se proyectaban sus películas y se emocionaron con lo que vieron, se rieron, lloraron o hicieron las dos cosas a la vez; los que le leen, los que le siguen, los que esperan tener noticia de sus proyectos y los que se sorprenden cuando ven sus textos reunidos en un libro como éste.

Contra la hipermetropía ataca la manera en que al parecer se entiende el cine en España, como visto desde lejos, mejor que desde cerca: una vez reunidos, los textos de Fernando León invitan a pensar sobre un cine que se menosprecia con demasiada frecuencia.

Probablemente, tanta dedicación hacia algo sea indicio de que merece la pena buscarlo para conocerlo un poco mejor, aunque por el camino uno se tropiece con alguna boñiga que otra, que sigue siendo el mismo camino para todos y conviene no olvidarlo.

Que vivan las excepciones que confirman las reglas. Todas.

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