1.280 almas

1.280 almas (Pop 1280) Jim Thompson, trad. Antonio Prometeo Moya, Diagonal: Barcelona, 2003

Densidad de población

Doce años después de escupirle al mundo con maestría aquella maravillosa novela titulada El asesino dentro de mí, Jim Thompson regresaba para dar una nueva sacudida a sus lectores. Corría el año de 1964 y se publicaba 1.280 almas. Entre medias había tenido tiempo de sacar a la luz otras dieciocho historias, al parecer, rondando temas similares relacionados con el universo hipócrita y perverso del que ejerce la autoridad en un pueblo perdido en lo profundo de los Estados Unidos.

Madrid, 2016. Cinco años después de sorprenderme con la mente de una mala persona describiéndose a sí misma, alguien me recomienda un segundo plato que es -me dicen- incluso mejor que el primero.

1.280 almas podría leerse como un manual de instrucciones para conocer (quien se preste a hacerlo) las motivaciones personales de un grandísimo hijo de perra; un denso compendio de reflexiones que le rondan al cínico protagonista cuando se deja llevar por sus bajos instintos y la lía con lo que hace.

Aseguro que merece la pena y a pesar de la traducción, que se pelea con un inglés más complejo de lo que la versión castellana reproduce, y aunque los actos y consecuencias de la panda de borregos que son su personajes, sean el mal mismo.

Groseras, egoístas, vanidosas, manipuladoras, machistas… así son algunas de las almas que pueblan Potts County. Imponiendo “orden” y “justicia” a todas ellas, Nick Corey: un auténtico desalmado.

Y así, una historia.

La de un jefe de policía que se propone vaciar el cargador de su escopeta, en la cabeza de quienes lo dañan a él y estorban al resto de la sociedad de su condado. Un hombre que narra en primera persona lo complicado que es odiar a su esposa, mantener satisfecha a su amante y tratar de recuperar al primer amor de su juventud sin perder el sueño durante la noche. Alguien que se abstiene de intervenir ante abusos de carácter racista o sexista y que prefiere que, literalmente, la mierda salpique a otros.

Un ser brillante y despreciable a partes exactas e iguales.

Un héroe perfecto para un mundo desquiciado que tal vez, no sea tan ficticio como lo planteaba Thompson en el 64.

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