Nabokov y el feminismo indirecto

Chimpancés que hacen fotos

Puesto que siempre estoy a vueltas con la frase de que “no se puede no ser feminista” lanzada como un dardo a toda hembra que tenga a bien conversar conmigo, imagino que es de recibo que le entre también al blog con el asunto. Han pasado unos días prudenciales ya desde el famoso 8 de Marzo, así que procede (soy tan hipster, que lo mainstream puede conmigo).

Por qué Nabokov, querrán saber ustedes, dejando constancia de una curiosidad más que pertinente: lo cierto es que no lo sé. Mi memoria me traiciona y no recuerdo ni el nombre del libro ni mucho menos de la autora que citaba la anécdota en cuestión, pero el motivo sí que lo sé: la mujer en la literatura.

Por aquellos años estudiaba yo la carrera de Filología inglesa y tenía una asignatura (optativa, claro) titulada “La mujer en la literatura anglosajona”. En ella leí un ensayo en donde se explicaba la necesidad de insistir y hacer visible lo que en muchos casos todavía sigue siendo invisible, en relación al feminismo. Para ello, se acudía a una cita de Vladimir Nabokov, que él mismo consideraba inspiración para la escritura de su eterna Lolita. Era la siguiente:

“As far as I can recall, the initial shiver of inspiration [for Lolita] was somehow prompted by a newspaper story about an ape in the Jardin des Plantes, who, after months of coaxing by a scientist, produced the first drawing ever charcoaled by an animal: this sketch showed the bars of the poor creature’s cage.”

Pues bien ¿cómo argumentaba la autora que ese ejemplo fuese tan adecuado y claro para ilustrar el problema del feminismo y sus manifestaciones? Tal vez a simple vista, no parezca una cita muy a la sazón ¿no? Pues lo es.

El monete está encerrado en una jaula. Fuera de la jaula hay un jardín botánico y gente -viendo las fotografías reales, lo entenderán mejor-. Al monete le dan objetos para que pinte (en el caso de la noticia real, le dan una cámara de fotos) y el pobre bicho, lo que decide representar con sus pinceles, no es otra cosa que los barrotes de su jaula.

¿Acaso el animal tiene problemas de vista y no alcanza a distinguir a las personas curiosas que lo observan, a los miles de árboles que rodean su jaula? No, seguro que los ve, pero los barrotes están antes y él lleva tiempo ahí encerrado.

Pues con el feminismo pasa algo así: que hay barrotes, muchos barrotes que todavía impiden ver lo que hay detrás; todavía hay que hablar de feminismo y hacer visible, explícita la necesidad de marcar su importancia. No se puede no ser feminista en este mundo. Hay que ser pesada y pintar barrotes porque aun hay quien se sorprende de que se hable de esto, de que se exagere; aun hay quien dice que defiende “la igualdad” pero que “no se considera feminista” por tener un concepto negativo de esa condición.

Esa condición debería ser innata y por supuesto, los barrotes también deberían obviarse pero, aquí estoy yo también, hablando sobre ello.

Sin quedarme muy claro lo que quiso explicar Nabokov con esta anécdota, supongo que se referiría al bloqueo mental del profesor Humbert, atrapado en su infancia y en su amor por una niña, aunque él hiciera tiempo que había dejado de serlo.

Fuera hay un jardín bien hermoso, dicen, pero todavía no lo vemos.

Aquí mi granito a la causa.

2 comentarios sobre “Nabokov y el feminismo indirecto

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