The Dressmaker (La modista)

The Dressmaker (La modista) Jocelyn Moorehouse, 2015

Cálzate bien, Kate

Imagino que conocen esa extraña sensación de cuando uno va a calzarse las pantuflas, las de andar por casa, y se las coloca por error con el pie cambiado. De pronto e inexplicablemente, todo deja de tener sentido: el pie derecho en el izquierdo y el izquierdo, luchando por encajarse en la horma del derecho. Es una lucha, un momento de intranquilidad tan desconcertante, que vemos derrumbarse los cimientos de nuestro pequeño mundo cotidiano, durante un rato.

Me acaba de pasar. Estaba yo sentada y al levantarme me he calzado las pantuflas del revés y entonces, me he acordado de esta película. En su momento, cuando salí del cine no había tenido ganas de escribir sobre ella, o más bien sí las había tenido pero no las encajaba porque es rara, es extraña y no me salían las frases apropiadas. A veces nos sucede y hay que lidiar con ello. Cosas de escritor.

Sin embargo ahora, ya con los dos pies en el sitio que les corresponde, pienso con claridad y me digo que “mereció la pena verla pero no la recomendaría”. Es incómoda y no encaja.

La modista es una historia adaptada de una novela, por una directora de quien he visto tres de sus anteriores cuatro películas. Se suma al desconcierto que me produce su argumento, el hecho de que una de ellas haya sido una de mis preferidas cuando tenía trece años, How to make an American Quilt (1995) -o Donde reside el amor para nosotros, españoles dobladitos-. En aquella ocasión (también tomada de una novela) Winona Ryder terminaba su tesis y decidía si casarse o no con su novio carpintero, rodeada de colchas bordadas a mano por sus tías abuelas, abuelas, amigas… Tan tierno todo. Tan femenino y artesano.

En esta otra, también hay madre (Judy Davis, irreconocible) y hay hija (Kate Winslet) hay quien cose y quien se cubre con colchas; quien toma decisiones y sobre todo, quien recuerda.

Sí, en las dos hay hombres guapos y enamoramientos más o menos oportunos, pero no es el aspecto en el cual me interesa centrarme.

Como nos pasa cuando nos calzamos las pantuflas al revés, vemos esta historia de venganza y tardamos en entender el porqué de nuestra incomodidad, pero acabamos pillando el punto antes o después, según se avanza en la trama.

Ella quiere vengarse pero también quiere encajar sus zapatillas, porque debe recordar lo que sucedió cuando era niña y abandonó el pueblo. El asunto es que no sabe que se ha calzado mal, desde el principio. Es difícil recordar ciertos aspectos traumáticos de la niñez.

Un puro caos de narraciones que se retuercen entre sí, con personajes que se comportan de manera grotesca y planteamientos nada creíbles pero, como los dibujos del Coyote y el Correcaminos “divertidos y bestias”.

A mí el merengue de las colchas me gustó mucho hace veintiún años, eso es cierto, pero tal vez hubiera sido de mejor aprovechamiento para mi persona, haberme visto una locura así. Como quien resuelve un SUDOKU o pone los pies en su sitio, que cuanto antes lo hace, antes le encuentra sentido a todo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: