THIS MUST BE THE PLACE

THIS MUST BE THE PLACE (Un lugar donde quedarse) Paolo Sorrentino; 2011

Tristeza incompatible

Resulta extraño y sorprendente a la vez: te sientas a ver esta película sin tener muy claro hacia dónde va a llevarte, con ese cartel promocional en donde permanece Sean Penn transformado en Robert Smith como única pista informativa y confiando en que si él aparece, mal del todo no puede estar.

A nada que te informes un poco (hoy que es tan sencillo y tan accesible para cualquiera) descubres que su director, Paolo Sorrentino, ha dirigido varios títulos bien considerados por aquellos que se dedican a valorar títulos, quien además es el responsable de esa brutal adaptación a la pantalla del texto de Saviano, Gomorra. Como la curiosidad se va agrandando, ves la película, pero de nada te hubiera servido conocer tanto; nada te ha preparado lo suficiente para asimilar THIS MUST BE THE PLACE. Nada.

Una historia tan extraña y tan sorprendente no puede definirse por escrito, hay que verla y sobre todo: hay que oírla. Cuenta su director que hace unos cuatro años, estando Sean Penn como presidente del Jurado del Festival de Cannes y tras haberle dedicado unos cuantos elogios a la película que el italiano andaba promocionando por esas fechas, le pasó una copia del guión de esta rareza y aceptó el papel protagonista, sin dudarlo. Imaginamos que el subidón le habrá durado a Sorrentino hasta el día de hoy y que así se explica un film tan inexplicable. Son entrañas y emociones, ganas de contar una historia por el puro placer de convertirla en película, un regalo visual, sonoro y narrativo que te hace pasar un muy buen rato en la sala de cine.

THIS MUST BE THE PLACE dispone una serie de maniobras y recursos estilísticos ante el espectador tan llamativos, que uno se pregunta si querrán ser ellos los auténticos protagonistas de la peli. El espectador salta del llanto y la melancolía al golpeteo danzarín de sus pies en el suelo, al ritmo de los Talking Heads o Iggy Pop; la cámara viaja en grúas con movimientos que se precipitan al vacío una y otra vez, los colores se combinan y contrastan, llaman la atención sobre sí mismos: las piscinas azules en medio del desierto de Utah, los ojos claros de Sean Penn y Eve Hewson, perfilados y ahumados con lápiz negro, su indumentaria gótica en medio de un barrio obrero de Dublín, tras el que asoma a su vez una gigantesca construcción de arquitectura contemporánea o futurista (quién sabe). Ese Eduardo Manostijeras ciático, que va tirando de su carrito y hace la compra en el supermercado, que necesita sus gafas para leer el periódico mientras se toma un café y que cruza una buena franja del territorio estadounidense para “conocer” a su padre, es Cheyenne.

Y Cheyenne, la estrella de rock-Goth retirada y depresiva, además de perseguir una explicación a ciertas lagunas familiares, quiere sentir el amor entre los que lo rodean, aunque encuentre dificultades:

“At this particular moment I’m trying to fix up a sad boy and a sad girl, but it’s not easy. I suspect that sadness is not compatible with sadness”

Probablemente no lo sea, pero no se pierde nada por intentarlo.

2 comentarios sobre “THIS MUST BE THE PLACE

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  1. La vi anoche y me resultó tan sorprendente y mágica que hoy he dedicado un rato a buscar datos sobre esta película que de pronto me sorprendió sin saber lo que iba a ver.

    Un regalo.

    Me gusta

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