Antes que el Diablo sepa que has muerto

Before the Devil Knows You’re Dead (Antes que el Diablo sepa que has muerto) Sidney Lumet, 2007

Buscando el cielo

La huida del Infierno ha sido siempre el objetivo del creyente. Salvar el alma de las llamas del Maligno. A cambio de una vida de esfuerzos, de sacrificios, de buenas voluntades y de amor a los suyos podría uno decir que tiene el Cielo ganado.

No obstante hay cielos terrenales, cachitos de espacio mundano en donde uno disfruta y se olvida de las preocupaciones. En uno de esos pedazos de Cielo es en donde se sitúa el comienzo de la esplédida Before the Devil Knows You’re Dead; a él querrán regresar sus protagonistas a lo largo de toda la película por improbable e inviable que resulte. Lástima que el Diablo sepa desde mucho antes que no van a llegar.

“MAY YOU BE IN HEAVEN HALF AN HOUR… BEFORE THE DEVIL KNOWS YOU’RE DEAD”

Son las primeras palabras que irrumpen en la pantalla nada más comenzar la cinta. Minutos antes hemos visto a una pareja practicando sexo y celebrando luego una extraña felicidad, en Río de Janeiro, en un hotel lejos de la realidad diaria que al parecer los ha distanciado últimamente. Philip Seymour Hoffman es Andy, ejecutivo en una empresa inmobiliaria, secretamente adicto a la heroína y moralmente arruinado. Marisa Tomei es Gina, la sensual esposa de Andy, pura sexualidad e ignorancia que mantiene una relación extramatrimonial con Hank, Ethan Hawke, el hermano de Andy, asediado por las deudas y por una ex esposa que aspira a hacerle la vida imposible mediante chantajes emocionales en los que utiliza a la hija de ambos.

Al igual que sucedía en Dog Day Afternoon, se cuenta aquí la historia de un fracaso en sus más variadas acepciones, porque no es exclusivamente el fracaso de un plan de atraco al negocio familiar (la joyería de los padres) es además el fracaso de las relaciones matrimoniales, paterno-filiales y fraternales que extinguen violentamente entre todos los personajes de la cinta.

Narrada por medio de abruptos saltos temporales, la película se divide en siete epígrafes que sirven para orientar al espectador respecto a la disposición lineal de la caótica historia que se está contando. Así pues, los bloques son los siguientes:

-EL DÍA DEL ROBO
-HANK: TRES DÍAS ANTES DEL ATRACO
-ANDY: CUATRO DÍAS ANTES DEL ATRACO
-CHARLES: UN DÍA ANTES DEL ATRACO
-HANK: EL DÍA DEL ATRACO
-ANDY: EL DÍA DEL ATRACO
-CHARLES: UNA SEMANA DESPUÉS DEL ATRACO

Con una duración aproximada de entre quince y veinte minutos cada uno, los fragmentos lanzan información desmembrada y asumen el punto de vista de cada personaje, para facilitar la comprensión de las circunstancias personales que ellos viven durante el día del robo, las motivaciones para llevarlo a cabo y sus consecuencias.

Respecto a la simbología subyacente al argumento, es interesante destacar un par de datos. En primer lugar, teniendo en cuenta la importancia del vínculo entre padre, hijo(s) y hermano(s) descubrimos que la obra representada por la hija de Hank durante la función de fin de curso en el colegio es King Lear de W. Shakespeare. Este es el fragmento que recita:

“The weight of this sad time we must obey; speak what we feel, not what we ought to say. The oldest hath borne most; we that are young shall never see so much, nor live so long…”

“Debemos someternos a la carga de estas amargas épocas; decir lo que sentimos, no lo que debiéramos decir. El anciano ha sufrido muchísimo; nosotros que somos jóvenes no veremos tantas cosas ni viviremos tantos años…”

Si la tragedia de King Lear procede del arrepentimiento de un padre, por haber entregado su poder a las hijas malvadas en lugar de a la bien intencionada (y sincera) Cordelia, la tragedia de Antes que el Diablo… no será menor: Andy, el hijo corrupto, es quien propone la traición a la familia al arruinado Hank, el hermano bondadoso que cede debido a la desesperada situación económica en la que está inmerso.

Por el camino, el plan se tuerce y la madre muere, despertando así en Charles, el padre, un ansia imparable por encontrar al responsable del asesinato.

Del momento en que descubre la identidad del culpable, es de donde nace el segundo elemento simbólico de la trama: ese Saturno que devora a su hijo para impedir, del mismo modo que el mito romano, que su descendiente sea quien le suceda en el trono.

Antes que el Diablo sepa que has muerto es una de las más grandes películas de su década y conviene revisarla de vez en cuando, reparar en sus minuciosos detalles y en el retrato terrible y verdadero de la realidad familiar a la que se debe, no en vano, fruto del magnífico guión (sorprendente debut) de Kelly Masterson, un estudiante de teología que poco antes de ordenarse como franciscano, decidió reorientar su carrera en el mundo del teatro escrito. Gracias a Dios, el Diablo aun no debe de haberse enterado.

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