Closer

Closer. Mike Nichols, 2004

Las relaciones peligrosas

Demasiadas emociones. El ser humano es, en potencia, demasiado capaz de desarrollar sentimientos, demasiado libre para expresarlos y demasiado inconsciente del alcance que puedan tener los mismos sobre los demás, los que no somos nosotros y están cerca, más cerca.

Una película como Closer es real, porque se aproxima como pocas a estos sentimientos y emociones enfrentados que brotan, se propagan, navegan a la deriva y acaban esfumándose dejando un profundo rastro. Los personajes chocan a través de diálogos que el espectador reconoce, porque los conoce, porque así somos y así nos lo están mostrando unos actores tocados por la divina dirección o por la interpretación providente, algo que en este caso es difícil de diferenciar.

Puede que ésta sea la película más triste que haya visto en los últimos meses y la que me ha parecido más directa en su tratamiento del sexo (tema fundamental para contar historias de amor) sin embargo, no muere ninguno de los protagonistas y tampoco hay un solo plano que pueda calificarse como de “sexo explícito”, vaya: ironías de la vida. Que empatizo demasiado con el cine es un hecho, que me tomo demasiado en serio las vidas de los personajes y por eso las disfruto como si fueran mías, también, que esta película guste a todos, no lo sé.

Closer está cerca, más cerca de la realidad que de la ficción. Closer desmitifica los cuentos urbanos de los que durante años se ha querido (y logrado) convencer al espectador: que si “chico conoce chica” y “chica pierde a chico” al final todos contentos porque vuelven a juntarse y comulgamos con la idea de que el amor es ”asín de bonito”. No: demasiadas emociones. El amor, si brota a primera vista, desaparece en el segundo visionado y si no, “comieron perdices y vivieron monótonos para siempre”… felices, o no.
Amar, odiar, poseer, mentir… y aburrirse, e ilusionarse, quererse, desearse, desengañarse y separarse. Quedarse solo. Recordar, añorar, buscar, encontrar, perseguir y sufrir por haberse equivocado. Y seguir viviendo. Y seguir complicándolo todo porque la vida nos queda grande y porque es demasiado complicada.

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