My Blueberry Nights

My Blueberry Nights. Wong-Kar-Way, 2007

Pastel de moras a medianoche

Asistir a una proyección cinematográfica provoca expectativas acerca de una historia que, si bien no conocemos, desde luego que esperamos y adivinamos entretenida. Se nos cuenta algo que ha sido escrito, interpretado, rodado y editado, y el milagro de la proyección hace el resto.

Todos esperamos la voz de Nora Jones cuando se apagan las luces, pero no es hasta que comienza el susurro aterciopelado que realmente participamos de ese milagro: prodigio de narración sensible, pendiente de cada encuentro y mirada entre los personajes, verdaderos títeres inteligentes en un teatro de emociones creado, que no fabricado. El teatro emocional que Wong-Kar-Wai propone en este proyecto acuñado My Blueberry Nights sigue los designios de su filmografía previa al completo, sin dejar de lado ni un plano ni una frase en el guión: la noche permanente que amanece sólo con los neones y las lámparas de espacios cálidos de interior (cafés, restaurantes, moteles, casinos…) los rostros hermosos, perfectos, de unas protagonistas que se deslizan de una secuencia a otra al ritmo de melodías igualmente bellas y sugerentes, para devolver al espectador palabras acerca de la confusión del ser humano enfermo de amor, o de dolor forzado a silenciarse.

Así es como se perfila, por ejemplo, una extraña Natalie Portman en la piel de una “femme” más anestesiada de afecto que “fatale,” fugitiva del cariño familiar, sorprendente en definitiva; o una sobrecogedora Rachel Weisz, dibujada con los lápices de la Marilyn Monroe más emotiva y arrebatadora que en su momento pudo apreciarse en Niágara… pero Nora Jones no sólo susurra en esta película de amores entrecruzados: su personaje se erige como puente o vehículo que conecta a los actantes de la performance, hasta que cierra el círculo y recoge su propia historia, la de un pastel al que todos ignoran, pero que asiste a las idas y venidas de los clientes durante el día entero en el expositor, esperando a ser elegido por aquel que, sin embargo, no es el esperado (porque ¿quién se espera a Jude Law sirviéndonos chuletas de cerdo al otro lado de la barra?).

No tengo queja: mis expectativas se han cumplido y mis necesidades, todas, están cubiertas.

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