Historias del buen valle. José Luis Guerín, 2026.
El espectro de Vallbon
En Tren de sombras (El espectro de Le Thuit) (1997) una de las películas más originales que he visto nunca, José Luis Guerín proponía al espectador un juego de agudeza visual. De modo similar a lo que le sucede al protagonista de Blow Up (Michelangelo Antonioni, 1966) nada de lo que sucede ante la cámara va a ser lo que parece, ni tampoco lo que creeremos luego que es. En ella, la familia de un abogado parisino se reúne en su casa de campo mientras él los filma con su cámara, a principios del siglo XX, en los comienzos del cinematógrafo. Un tren cruza junto a la finca hacia el final de la historia y un misterio a medias real y a medias ficcionalizado por el autor, se desvela también a medias sin que se desprenda una sola línea de diálogo en toda la película.
Viendo Historias del buen valle, tal vez porque no había transcurrido ni una semana, recordé Tren de sombras. En esta ocasión, la infraestructura en construcción para el nuevo trayecto de un tren va a atravesar el municipio de Vallbon, a las afueras de Barcelona, y amenaza con arrasar a su paso con lo que queda de las vidas de sus habitantes. Aquí el misterio está en el pasado de los que llegaron allí después de la guerra, en el presente de los recién instalados que huyen de sus países, en el futuro de los niños y niñas que han crecido a orillas de un río en cuyas aguas está prohibido bañarse.
Con la sutileza de una conversación espontánea, la película deja que los personajes se expresen y todos se agarran, con más o menos facilidad, a la mano que les tiende la cámara y el micrófono.
Para el espectador queda el trabajo de reconstruir, pieza a pieza, el paisaje en ruinas entre naturaleza y bloques de hormigón que está a punto de perderse para siempre.

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