Fotografías

Miles de fotografías. Inspirarse en retratos de personas que ya no están e imágenes tomadas de una ciudad en una época que pasó y que convierte a esa ciudad en otra completamente distinta es importante e inspirador, es necesario para construir una historia y también para «reconstruirla», por eso antes de viajar a París me lancé como pollo sin cabeza a identificar posibles «bancos de imágenes» del período que me interesaba para mi historia, pero bancos reales, espacios de almacenaje documental físico donde poder ir a buscar tal o cual carpeta con tal o cual representación gráfica de lo que yo quería. Un banco, por tanto, donde tal vez me hiciesen pagar a cambio de lo que yo pedía pero en donde sin duda podría satisfacer mi ilusión, que para eso me habían concedido una beca.

En medio de estas conclusiones que yo solita armaba en mi cabeza, además de entregarme a rebuscar también pedí ayuda y pregunté a algún experto, en concreto le pregunté a uno que me ayudó muchísimo y a quien temo que no estaré lo suficientemente agradecida nunca por su amabilidad conmigo, extraña desconocida que, presa del entusiasmo, le escribe un correo electrónico un buen día para saber cosas, para tener herramientas y mapas de ruta hacia donde virar sus pasos en su inminente visita a París.

Sí, esa fui yo.

Primero había leído sus libros, luego había tomado nota exhaustiva de sus comentarios y después me decidí a buscarlo y preguntarle directamente. El primer paso fue contactar con la British Academy, que es una institución que, aunque suena muy grandilocuente lo cierto es que tiene un servicio de consultas francamente eficaz y accesible y en donde responden con rápidez y amabilidad a cualquier parida que a una se le pase por la cabeza o, como fue mi caso, al intento de obtener el correo electrónico del fellow en cuestión con quien yo quería «hablar» o intercambiar correos, que para el caso es casi lo mismo.

─I don’t think that I can give you contact details of individual fellows due to UK GDPR restrictions, but…

Y así fue como me proporcinó la dirección de su agente literario y, gracias a ella, como pude escribirle a él.

Y él me respondió.

Me dio información, muchísima información de los años que él había pasado en París investigando y yo tomé nota de todo para tratar de seguir sus indicaciones pero, algo había cambiado desde entonces, un pequeño y sutil detalle llamado Internet.

Y es que él había trabajado allí en los lejanísimos años setenta; entonces se usaban plumas y cahiers o carnets, se portaban carpetas y se acudía a los archivos para ver miles de fotografías originales.

Quise hacer lo mismo y una tarde caminé hasta la galería Roger Viollet, entonces me indicaron, muy amablemente, que disponía de toda la inofrmación digitalizada en la base de datos de su web en internet.

Miles de fotos inaccesibles ya, o accesibles desde cualquier punto del planeta.

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