The Sisters Brothers

The Sisters Brothers. Jacques Audiard, 2018

Lo fraternal y lo humano

Algo tienen las historias de hombres, con hombres, por hombres y para hombres y mujeres que me encantan.

Sé que me gusta mucho que un western lo sea hasta el tuétano y The Sisters Brothers creo que lo es. Búsqueda, caza, recompensa, enfrentamiento, fiebre por el poder y fiebre del oro. El oro que se esconde en el fondo de los ríos y que no sólo es un mineral sino también la esperanza en una vida mejor, una prosperidad que comienza cuando se es rico.

Sé que me gusta mucho que los personajes de una historia tengan misterios y que los conozcamos sólo por la forma en que otros se relacionan con ellos: Charlie y Eli los tienen. Uno es un zoquete violento, ansioso e impulsivo y el otro, el hermano mayor, es sensible, cálido y todo lo empático que un asesino a sueldo puede ser.

Sé que me gusta mucho que una trama se complique un poco y es exactamente ese nivel de complicación el que tiene esta historia: ¿de dónde vienen? ¿a quién persiguen? ¿por qué se ha ofrecido dinero para que den caza a esa persona? y el nudo se desenreda, cae el ovillo y rueda hasta el desenlace.

Me gustan las películas de Jacques Audiard (París, 1952); en ellas siempre algo muy violento sucede y, aunque es algo que se teme y se espera, la irrupción de esa violencia pone a los espectadores en un estado de ánimo cercano a la desolación y después, cuando los personajes salen a flote y esa brutalidad ya ha pasado, resulta que la historia es hermosa.

En las películas de Jacques Audiard los desenlaces son apacibles, esperanzadores, son finales familiares como si los protagonistas, a veces huesos oxidados, a veces artistas que viven como asesinos o almas perdidas que tienen que sobrevivir en la cárcel o en un país que los acoge como exiliados de guerra vieran por fin la luz y pudieran comenzar de nuevo otra partida con mejores cartas.

The Sisters Brothers tiene un final conmovedor e inesperado. Sus personajes pasan por situaciones violentas y extremas y descubrimos sus recovecos por cómo se cuidan, se odian, se aman y se apoyan, como hermanos.

No sé qué es, no sé si los que me emocionan son John C. Reilly y Joaquim Phoenix que untados en fango y mirándose como se miran me tocan una fibra palpitante. No lo sé.

Sé que el personaje de Morris, por ejemplo, en piel y ojos de Jake Gyllenhaal no me gusta y que todo lo demás me ha dejado pensando durante unas horas después de salir del cine.

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