Retorno a Brideshead

Retorno a Brideshead. Evelyn Waugh. Trad. Caroline Phipps. Barcelona: Tusquets, 2015

Looking back in anger

Algo tienen las historias cimentadas en la evocación de un recuerdo o flash-back, que contagian cierta ira, cierto resentimiento hacia tiempos que ya son pasados, que tal vez fueron mejores y que continúan taladrando las paredes de nuestra memoria, sin querer irse nunca y aspirando a dejarlo todo repleto de marcas que habrá que rellenar con la masilla de un presente mejorado.

Retorno a Brideshead, clásico de la literatura inglesa del siglo XX llevado a la pantalla en dos ocasiones con mejor o peor resultado funciona perfectamente sobre sus lectores como apología del olvido: siempre es preferible abundar en el presente que tirar del hilo de los recuerdos, tan frágiles y tan borrosos que pueden llegar a confundir.

Ambientada en la Inglaterra de los años comprendidos entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, narra la evolución del pensamiento de Charles Ryder desde que entra a formar parte del círculo social de la familia Flyte, habitantes de la mansión Brideshead, cuando conoce a uno de los hijos cuando ambos son estudiantes en Oxford, hasta que regresa a la casa familiar convertida en destacamento militar y en condición de oficial del ejército durante la Segunda Guerra Mundial.

Muy a pesar de la variedad de personajes que campan libremente por el argumento y sin olvidar la maravillosa recreación de espacios y descripción sensorial de situaciones, la novela, de acuerdo con las observaciones del propio autor al respecto, no deja de ser un símbolo de la fe católica que, unilateralmente, reclama a sus seguidores para que le dediquen sus vidas, alterando con ello no sólo sus propias conductas sino también las de quienes les rodean y participan de algún modo en ellas.

Tres libros sumados a un prólogo y un epílogo, marcan las tres etapas del recuerdo que el oficial Charles Ryder conserva de Brideshead y de sus habitantes. En el primero conocerá a Sebastian (personaje cuyo nombre advierte connotaciones de ambigüedad sexual inevitables) un joven de clase acomodada, caprichoso y juerguista que malgasta sus días de estudiante en borracheras infinitas y altercados en el college. Charles quedará fascinado por tan excéntrica personalidad e irá perdiendo interés en sus estudios y obligaciones para adentrarse en el mundo hedonista de su nuevo mentor. Esta etapa, está marcada por el agnosticismo de ambas figuras que son rebeldes y que no admiten compromiso con nadie más que consigo mismos.

El segundo libro, supone la inmersión definitiva de Charles en la familia de Sebastian: es en esta fase donde al lector se le hace más evidente el poder de la religión católica. El protagonista ya conoce la mansión Brideshead, capitaneada por la devota madre Lady Marchmain, a quien su esposo ha abandonado por otra mujer huyendo con ella a Venecia; se ha relacionado con los hermanos de Sebastian, Julia, Brideshead y Cordelia y asiste a los importantes cambios en las vidas de cada uno. Todos actúan de uno u otro modo, posicionándose en relación al catolicismo que impregna las paredes de la casa familiar y todos, dejan que la fe interfiera en su toma de decisiones.

Para cuando el lector alcanza el tercer libro, ya ha habido giros suficientes en la trama como para comprender que se trate de una etapa de madurez que responde a las turbulencias de la inmediatamente anterior. Al igual que sucede con el camino seguido por el creyente, el protagonista aprende de sus errores y confronta adversidades buscando refugio en algo, que termina reconociendo al abrigo de esa fe que siempre ha estado ahí, reclamándolo. Cada personaje es arrastrado a abrazar el catolicismo según motivaciones bien distintas, algunas sorprendentes por lo inesperado, pero todas ellas con una coherencia absoluta respecto a la personalidad demostrada por cada uno a lo largo de la historia.

Tal vez el oficial Charles Ryder vuelva la vista a atrás con resentimiento al pensar en sus amigos de Brideshead, culpe a aquellos por quienes más se dejó influenciar y se arrepienta de cierta toma de decisiones o quizás, simplemente recuerde con naturalidad lo que sucedió en el pasado, la época en la cual según dicen, tienen lugar las mejores cosas de la vida.

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