Relato soñado

Relato soñado (Traumnovelle). Arthur Schnitzler; trad. Miguel Sáenz; Barcelona; El Acantilado; 2008

Afilados pensamientos

Son demasiados relatos los que me vienene a la cabeza en esta ocasión, cuando termino de leer la novela de Schnitzler y me dispongo a pensar un poco por escrito sobre ella. El primero es aquél que impulsó la elección de este libro y no otro para pasar el fin de semana: una búsqueda por encargo.

Hay clientes que se obcecan con un ejemplar concreto, que lo quieren de inmediato y que depositan en el librero todas las esperanzas que les caben en la cartera para que lo consiga. En esta ocasión, aunque mi cliente ya se llevaba a su casa ocho libros de bolsillo, quería completar la compra con el texto de Schnitzler.

Como buena profesional que una se pretende, logré rescatar la mercancía que tanto ansiaba aquel hombre y en menos de una semana me la enviaron desde Valencia.
Agradecido, el caballero se acercó de nuevo hasta mi lugar de trabajo y recogió su compra tan encantado de que le solucionara su carencia que me animé a leer el libro yo también. De todos modos, hacía tiempo que quería hacerlo.

Me hablaron de este autor vienés de la segunda mitad del XIX durante la carrera, de El teniente Gustl (El Acantilado, 2006) y Apuesta al amanecer (El Acantilado, 2007) y como solía sucederme durante la carrera, no había leído ninguna, que de tanto estudiar los entresijos metaliterarios de las obras, a una se le quitaban las ganas de consumirlas por puro esparcimiento.

Relato soñado me llamaba la atención -para qué negarlo- por su consabida relación con el guión de la película Eyes Wide Shut. Pese a lo lejano que queda ya el recuerdo de su estreno en los cines, cierto es que la póstuma película de Stanley Kubrick se refresca en la memoria al leer esta novela, se sienten ganas de volver a verla. Algo positivo, sin duda.

Al protagonista del texto, le hierve la sangre cuando su esposa le confiesa que se ha permitido la osadía de pensar en otros hombres e imaginarlos como amantes. La insatisfacción de Fridolín nace de su incapacidad para dominar los deseos de Albertine, su adorada mujercita, la madre de su hija la compañera sentimental hasta el fin de sus días que sin embargo reconoce que haya otros ríos en donde bañarse, aunque sus aguas únicamente fluyan en su imaginación.

Es entonces cuando se entrega a la búsqueda de lo prohibido, lo oculto y lo siniestro: miente a Albertine, irrumpe en una orgía clandestina y se deja tentar por una prostituta.

Ella mientras tanto, tan sólo duerme y sueña, un lujo privado que sin embargo decide compartir con su marido en el momento en que le relata lo soñado y a pesar de lo injusto de la situación resulta que lo hiere gravemente.

“Pero sin duda había también sueños que se olvidaban por completo, de los que no quedaba más que cierto estado de ánimo enigmático, un aturdimiento misterioso. O que se recordaban sólo más tarde, sin saber ya si se había vivido algo o sólo se había soñado. ¡sólo…,sólo…!”

Se duda de lo que no se conoce, pero a veces aquello que creemos conocer mejor que nadie, que sentimos “nuestro” o “propio” por derecho o ley natural es precisamente lo que nos resulta más desconocido y extraño. La relación de pareja y el matrimonio se basan en la confianza, pero no sólo en el otro, sino también y más difícilmente en uno mismo.

Los quebraderos de cabeza que impulsan a Fridolín a volver sobre sus propios pasos y a buscar respuestas a preguntas que, de no haberse comportado tan “irresponsablemente” la noche anterior nunca se hubiera atrevido a formular, terminan por forzarlo a mirarse a sí mismo, aunque reflejado en los ojos de su esposa.

Algo parecido -remotamente, y que nadie se ponga nervioso- sucede con la reciente Sólo una noche (Last Night; Massy Tadjedin; 2010) en la que un matrimonio más idealizado que ideal, se pone a prueba con el pensamiento y también -quizás demasiado intensamente- con la acción.

La historia de Sólo una noche es traída aquí a colación por existir sutiles semejanzas que la conectan con la novela de Schnitzler, tanto argumentales como teniendo en cuenta su planteamiento temporal: las dos transcurren durante una noche y la mañana del día siguiente, las dos se centran en un matrimonio, ambas exprimen el veneno de la desconfianza y lo vierten sobre sus protagonistas. Él desea, ella imagina, ninguno de los dos confiesa, ambos mienten pero ¿cuál es más culpable? ¿acaso hay uno que se resposabilice en mayor medida que el otro de los problemas de alcoba que comparten?.
Y lo piensan y corren el riesgo de cortarse.

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