El jardín de los curiosos

El jardín de los curiosos. Daniel Sánchez Pardos. Bohodón. Madrid. 2010

Vergel narrativo

Enfrentarse a un libro provistos de papel y boli en la mano, con la mente cargada de imaginación y expectativas de sorpresa. Buscar al personaje principal, creer en lo que nos cuenta, olvidar, recordar y seguir leyendo.

El jardín de los curiosos despliega para el lector al menos a seis personajes, ninguno de ellos protagonista y todos con un granito de arena que aportar a la resolución final del conflicto que plantea: adivinar qué ha pasado con una Laura (y no es Palmer, pero bien podría serlo) que reaparece después de diez años, muerta y en las mismas -o similares- circunstancias en las que se la había visto por última vez.

Daniel Sánchez Pardos, autor del cual ya se ha hablado por aquí a propósito de El cuarteto de Whitechapel (Ediciones del viento, 2010) y El gran retorno (Planeta, 2013) escribe en ésta, una de sus primeras novelas, sobre misterios de la adolescencia que se resuelven con decepcionante claridad en la edad adulta y toma la excusa del cordón policial infranqueable y el periodismo mal traído, para relatar una historia complicada, llena de datos y algo sobrada de personajes.

Por momentos, El jardín de los curiosos puede agotar al pánfilo lector que crea que puede dejarse llevar por sus 395 páginas sin poner nada de su parte. Que sepa que no es la mejor opción y que el papel y el boli que citaba allá arriba no eran figurados sino reales, necesarios para alcanzar el final y sobrevivir al suspense que enlaza cada capítulo con el siguiente, sin hartarse de tanto mareo y subtrama tejida con punto bobo.

Dicen que la madurez del escritor, se nota en el peso de sus renglones, en que cada texto que sale de su pluma o de su teclado, se va espesando año tras año, una novela después de otra, porque su expresión se reafirma en un estilo, sale la voz que es suya y de ningún otro y empieza a liberarse de todo lo que le sobra. Pocas dudas le quedan a una ante semejante afirmación tras haber leído un libro como El jardín de los curiosos, porque la hiperactividad de sus contenido se siente con cada página y a la vuelta de cada fragmento de su extensa trama.

Mucho diálogo y muy creíble, pero más cerca de un episodio de algo que se emita por televisión, que de los sutiles enredos policíacos a los que el señor Sánchez Pardos me tenía acostumbrada.

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