Castillos de Cartón

Castillos de cartón; Almudena Grandes; Barcelona; Tusquets; 2004

Maldita juventud

Hay que ser muy especial para destacar en donde sea. La competencia existe en todas partes y es difícil destacar, diferenciarse de aquellos que son como todos los demás. Castillos de cartón habla de eso y además, lo hace empleando un estilo de narración muy particular, imagino que muy propio de la autora, aunque no puedo constatarlo puesto que se trata de la primera novela que leo de Almudena Grandes.

Alrededor de un número que es el tres, primo e impar, se levanta una historia sobre tres almas que son cualquier cosa menos gemelas.

Parece que Grandes decide recrearse en las circunstancias y contar sin ahorrar detalles, un caso excepcional (o que al menos, como tal se pretende) que sucedió a unos jóvenes impetuosos e insultantemente artistas en el Madrid de la “movida”; recurre para ello al flash-back y a una voz en primera persona que con palabras intimistas, abundando en cada uno de los sentimientos de quien las expresa, persigue a la vez la conexión con un estado de ánimo particular: el de la nostalgia por recordar lo que se ha esfumado y que ya nunca regresará.

Adolescencia tardía, juventud maldita. Los egos de los tres protagonistas de esta historia son mezclados y disueltos en una paleta inocente, que para cuando deja de serlo ya no es útil y pierde su significado; es entonces cuando la novela decae y el tipo de expresiones que al comienzo de la narración resultaban tan oportunas, empiezan a ser redundantes y hasta pesadas. Tanta enumeración de emociones es excesiva. La yuxtaposición de oraciones funciona bien una vez, pero no durante un libro entero en su planteamiento, en su nudo y también en su desenlace.

Asimismo, quizás sea la anáfora la figura literaria que mejor encaja en la poesía pero que más rápidamente se desgasta en la prosa.

Una vez más: vayan todas mis incomprensiones juntas dirigidas al éxito insospechado que tuvo este libro en su momento y a los motivos que alimentaron la decisión de trasladarlo desafortunada y erróneamente a la pantalla de cine en 2009, de la mano de Salvador García Ruiz, con una versión que deshecha los matices más interesantes del texto para mostrar bien ostentosamente, el lado carnal, lascivo y superficial del asunto, a saber: que son tres… menudo escándalo.

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