Conferencia de Rodrigo Fresán sobre Cumbres Borrascosas de Emily Brontë

Conferencia de Rodrigo Fresán sobre Cumbres Borrascosas de Emily Brontë. Auditorio Biblioteca Nacional. 24 de Mayo de 2016

Confianza

─Disculpe Señor Fresán. Yo tengo una pregunta.

─Adelante, por favor.

El autor me regala una sonrisa. Me invita a que le lance el dardo de mi curiosidad insatisfecha.

─Verá, quería saber si usted encuentra alguna relación válida, interesante que se pueda plantear entre esta novela y el ensayo de Freud sobre Lo siniestro.

Tenía que hacerlo.

Hace ya unos años que dediqué en este blog una entrada, más bien “oda” a los prólogos escritos por Rodrigo Fresán. Entonces no ponía rostro ni voz ni ademanes expresivos al autor que, para mi gusto, más y mejor ha sabido motivar en las lecturas que ha introducido con sus textos. No me voy a repetir, pero diré que he tenido ocasión de conocerlo y también, que he podido hablar con él de “lo mío”.

En el ciclo de conferencias que la Biblioteca Nacional viene desarrollando desde hace una año, titulado “Contar un libro”, se plantean dos cosas: que una autor hable de lo que le gusta leer y que los que asisten, contrasten sus propias interpretaciones de esa lectura con la que propone el autor al que, a ser posible, también han leído.

Es la primera vez que asisto y me he quedado muy contenta, la verdad.

Para empezar, Rodrigo (ya que he tenido el valor de dirigirme a él personalmente, me permito la licencia de tutearlo en este mi espacio, si no les importa) ha arrancado su discurso contándonos que estaría bien comparar Cumbres borrascosas con El gran Gatsby; con aplastante razón, nos ha dicho que en ambos argumentos (como, según Tolstoi, en todos los argumentos de una novela) hay un personaje desconocido que llega a un lugar y un lugar desconocido al que se enfrenta un personaje; por otra parte, en ambas hay un romance fatídico y un final ambientado en un cementerio.

A nadie se le hubiera ocurrido pensarlo.

En su afán por caer bien a una audiencia a la que ya se tenía ganada con lo de la mención a la novela de Fitzgerald, se le ocurre a Rodrigo comentar unos pocos aspectos de la familia Brontë. De nuevo, nos gana.

Habla de los Tenenbaums y del gran parecido de esa “familia de genios” ideada por Wes Anderson con los Brontë de Yokshire de toda la vida, aunque con un toque de Tim Burton.

A estas alturas, ya amamos a Rodrigo ¿o no?

Y ya que le da por introducir a la familia y al pobre del hermano zoquete, que no brillaba por ninguna de las genialidades que coronaban a las hermanas, Rodrigo decide citar a Cathy, Catherine Earnshaw, a quien tilda de “la más argentina de los personajes ideados por las hermanas Brontë” asegurando que habla además “con conocimiento de causa”. Qué boludo…

Y es que sí, estoy de acuerdo también en eso con Rodrigo: todos los personajes en Cumbres borrascosas están locos. Todos, sin excepción.

Nos lee varios pasajes, descripciones casi todas de la pasión arrebatada que une a Heathcliff con Cathy y el dolor que siente éste por la muerte de aquella, manifestado en gritos no humanos y golpes de cabeza contra un tronco. Amor animal de borrasca.

Y es con estas páginas que lee como mejor avanza la idea del narrador “no confiable”, ese personaje que cuenta las cosas como mejor le parecen y a quien el lector cree a pies juntillas hasta que un punto de vista nuevo, o “algo” lo hace pararse a pensar y desconfiar. Y lo que yo disfruté con ese narrador en mis años universitarios… lo leía en todas partes.

Según Rodrigo: Emily introduce ese aspecto y Charlotte, con Jane Eyre, introduce a la “loca del ático”. Caja de Pandora de la crítica feminista que llega, crece y se reproduce hasta nuestros días.

Por último, embebida en las excelencias expresivas de Don Rodrigo, llega el final de su charla y comienza a mencionar versiones y adaptaciones al cine, a la comedia de los Monty Python, a la música de Kate Bush… y al mismísimo Christian Gray “la versión más atroz y ridícula que se ha hecho de Heathcliff”.

Pero no sólo eso: es que hay pasajes de la novela que la gente, miles de lectores en todo el mundo aseguran haber leído y que no existen. Un dato muy curioso y muy siniestro, que a mí (loca sin ático) me recuerda a ese bebé demonio de Rosemary’s Baby que muchos espectadores han visto y tampoco aparece nunca.

Su respuesta fue que “sí, que por supuesto, que Freud mismo había estudiado esta novela y que hay una larga trayectoria de investigaciones al respecto”.

Con total confianza, Rodrigo. Tú, no te cortes.

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