Mad Max. Furia en la carretera

Mad Max. Furia en la carretera. George Miller, 2015

Mala leche

Completamente en serio les digo que he ido a ver la última versión de Mad Max que el mundo del cine ha dado a conocer y que la he disfrutado (como se disfrutan las perversiones ante las cuales uno nunca cedería si no es guiado por una mano influyente…).
¿Y qué entendía yo por Mad Max? Pues para mí eran un montón de gente rara con máscaras de oxígeno y armaduras de ancho de hombros talla XXL, con Tina Turner de por medio y mucho coche feo en pleno desierto. Eso era para mí. Eso asociaba yo con el loco de Max, hasta que leí esto y siendo yo persona de dejarme convencer por los textos bien escritos y provocadores cuando procede, me he dejado llevar.

También hay quien me ha dado su visión personal del asunto y a quien también he cedido un porcentaje de influencia en el proceso. Bienvenidas sean las sugerencias. Bienvenidas las pasiones justificadas por lo aparentemente injustificado.

Y manga ancha con los prejuicios, eso también.

Me he tomado el pase del domingo de Mad Max. Furia en la carretera como un ejercicio de comunión con el género de mamporro al volante sin control; es curioso, muy curioso reconocer que hay historias que son bestias con una finalidad concreta mientras otras, lo son sin orden ni concierto.

Los 120 minutos de George Miller son muy bestias. La puesta en escena y ambientación “generada” para la ocasión son increíblemente excesivas, llamativas. Imágenes ruidosas y ruido atronador que levanta tormentas de polvo y arena en el desierto en donde se desarrolla la acción y tras ellas, el sentido general de ese cuento que quiere contarse y por el cual, pese a todo, siento un profundo resentimiento.

Una sociedad futura y desesperanzada, dominada por un viejo malencarado y con pésimo gusto a la hora de escoger con qué cubrirse la cara y respirar, llamado Inmortan; el tirano mata de sed y de hambre a los habitantes de esa tierra, controla la producción de alimento y lo monopoliza para él y para sus descendientes, hombres enfermos física y mentalmente que los traductores de la versión española han acordado en llamar “kamicafres”, por su alocada tendencia al suicidio (“vivo, muero y vuelvo a vivir… sed testigos”). “Los hombres que no cierran sus heridas, se vuelven locos” asegura Max, que ya sabemos que la cordura la dejó por el camino hace tiempo; a él lo persigue el trauma de no haber salvado de la muerte a quien debía en el momento que tuvo ocasión, pero en medio de ese caos, una auténtica diosa digna de admirarse y adorarse en todos los sentidos va a arreglarle (y alegrarle) el día: Furiosa.

Charlize Theron emerge de la pantalla y aunque manca y con la cabeza rapada, se convierte en la imagen más potente y fascinante que puede imaginar uno para combatir al “mal de macho abusón” que contamina esa sociedad en la que viven los personajes de la película.

Lástima que junto a ella tengan que estar presentes las mujeres que escapan del yugo de Inmortan, y que tengan que desplazarse hasta otra tierra poblada sólo por las de su sexo para contarnos a los espectadores que así es como las cosas podrían funcionar realmente bien: si la mujer gobernara.

Porque las mujeres no imponen, conversan.

Porque las mujeres buscan recursos alternativos y no explotan abusivamente los que escasean.

Porque las mujeres dan cariño y seducen, ablandan a las fieras más locas.

Porque las mujeres saben la diferencia entre una metralleta gigante y sin munición y una pistolita bien cargada, porque “el tamaño no importa” y hay que aprovechar lo que hay…

Y al final, todo está perdido y todo es injusto, hay que cambiarlo, invertir los papeles, sí. Hay que volcarse en los tópicos más machistas para convencer al público de que el feminismo es eso, como si eso fuera lo que las mujeres queremos que nos cuenten.

Curioso, muy curioso.

2 comentarios sobre “Mad Max. Furia en la carretera

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  1. Hacía tiempo que no me pasaba por aquí. Celebro que sigas actualizando.

    Me prometieron con esta nueva entrega puro y duro entretenimiento, y en ese sentido, la verdad es que no me decepcionó, más aún teniendo en cuenta que básicamente se trata de dos horas largas de explosiones, carreras y montaje frenético. También para hacer de este tipo de cine algo interesante y solvente hace falta talento, y creo que George Miller lo tiene. A la de Tina Turner le guardo cariño por sus temazos musicales y un par de detalles “entrañables”, pero es The Road Warrior la que me dejó clavado al sofá hace ya demasiados años. Leí que esta última recuperaba aquel “espíritu”, pero la verdad es que si de algo adolece, es de alma, más allá de los ojos llorosos de Charlize Theron. Sí, es imaginativa, tiene detalles que destacan sobre el resto de cintas de acción, creo que está plagada de buenas ideas, y hay un tufillo que me devolvía continuamente a las lecturas ochenteras de cómics como los de 1984, Metal Hurlant y Cimoc. Pero nada más. Quizás no hace falta. O quizás Mel Gibson no estaba tan mal.

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