Vivir es fácil con los ojos cerrados

Vivir es fácil con los ojos cerrados. David Trueba. 2013

En el medio

David Trueba: ese gran orador. Yo les cuento que hace años asistí a una conferencia suya en el Caixa Fórum de Barcelona, que ni recuerdo con qué motivo se celebraba ni tampoco en torno a qué se suponía que tenía que versar, pero que disfruté muchísimo. Al recoger sus premios Goya de esta pasada edición, se lució de nuevo y dijo cosas que sin dejar de ser simpáticas, pudieron ser también afiladas y alguno habrá que se haya cortado con ellas.

Habla bien, David Trueba. Su discurso es de los que brotan espumosos sin que parezca que están ensayados -y que muy probablemente son mucho más espontáneos de lo que uno se imagina- de los que se comprenden sin esfuerzo y con los que cualquiera es capaz de conectar sin que importe demasiado el extremo en que se encuentre (político, social, económico, anímico… cualquier extremo).

Sucede además, que David Trueba también escribe novelas, escribe guiones y dirige películas. Cada una de esas formas de expresión no deja de ser parte de su conversación con el público, a quien le cuenta “sus cosas”, esas de las que escoge hablarle por medio de una historia ficticia.

Y la vida, según la cuenta David Trueba, puede ser muy tierna o muy poco interesante: eso dependerá de el extremo en que uno se encuentre cuando se topa con ella.

Después de sus dos últimas incursiones en pantalla grande, lo que yo siento desde mi lado del cuento es que estar en el medio siempre ayuda a seguir adelante: si te quedas fuera, nadie te recoge porque nadie te ve ni te oye, pero si te plantas en mitad del camino no podrán evitar tenerte delante aunque estén pensando en otros asuntos.

Con esto quiero decir que Madrid 1987 (2011) me pareció una aburridísima historia que todavía espera en la cuneta, porque no se quiso mostrar con el brío y la insistencia con las que sí que lo ha hecho la última, Vivir es fácil con los ojos cerrados (2013). Por cierto que casi mejor así: es una película insufrible.

Vivir es fácil con los ojos cerrados ha estado en el medio de los medios durante todo el tiempo que duró su fase de promoción y desde que que le han dado Goyas hasta casi el día de hoy, un mes después.

Es aburrida, es lenta y es tal vez muy personal pese a tratarse de un episodio en la vida de un señor que nada tiene que ver con el propio Trueba.

Y sin embargo, qué buen sabor de boca que deja cuando se alcanza su final, algo semejante a lo que sucede en ese tipo de conversaciones con alguien que crees que te cae bien y que mientras le escuchas diciendo cosas que te resbalan, ni te atreves a interrumpirle, que cuando finalmente termina su discurso, dice algo simpático y logra que olvides toda la pereza que te ha ido contagiando unos minutos antes.

Un buen orador no es siempre un buen conversador, pero suele estar en el medio.

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