Combustión

Combustión; Daniel Calparsoro; 2013

Susurro español

Me sirve la última película de Daniel Calparsoro para hablar de una grave y obvia carencia del cine español reciente, especialmente reciente.

Puede que de actores y actrices guapos andemos sobrados, que las localizaciones de este tipo de cintas de “pseudo-acción” a que tanto se están aficionando las productoras nacionales, no tengan nada que envidiar a esos espacios de Hollywood tan espectaculares a veces y tan sencillamente apañados otras.

Buena foto, resultona banda sonora (que a veces tropieza pero que encaja con lo que quiere contarse, en el estilo que se pretende) y en general más que correctos los resultados en el producto final fabricado, procesado y envasado para el consumidor pero, ojo, porque falta algo importante: se han olvidado de hablar.

Desde Ausentes (2005) a Daniel Calparsoro no le había vuelto yo a pillar por la pantalla grande. Aquel discreto retrato de lo inquietante me había cuajado bien en el recuerdo, cosa que (casi) siempre me sucede con las historias de lo psicótico y lo subjetivo, lo no manifiesto, lo no explícito… no era original, pero era un buen intento de colar en nuestro cine un estilo, por aquel entonces, todavía poco habitual. Y es que es algo que a este director le suele sentar muy bien: lo de buscar en otros terrenos la esencia que le falta al nuestro y así, sus películas se diferencian tanto entre sí y se acercan tanto a lo que se produce fuera de nuestras fronteras. Puede gustar o no, pero el esfuerzo merece la mención.

El caso de Combustión, decía, es claro y diáfano para ilustrar ese problema del habla: una película en la que se oye mejor el ruido del motor de un Porsche Carrera que lo que tengan que decir sus personajes protagonistas. Siendo esta una historia más bien arquetípica, de tipos y tipas duros que viven peligrosamente y en plenitud de sus juventudes, lo que digan no es que sea clave de nada, pero una agradece el poder escucharlo. El susurro español es tendencia en la pasarela de nuestro cine. Ténganlo claro.

Yo veo la película y me identifico poco con ese argumento que me cuentan, pero sí que siento algo semejante (o al menos percibo que así quieren que lo sienta) a la atmósfera de la mayúscula e inimitable Drive (Nicolas Winding Refn, 2011) y me río, claro. Porque de nuevo caemos en el ridículo.

Mi propuesta es que pasemos de la acción y nos centremos en la dicción porque si no no habrá combustión que valga: aquí se van a quemar todos como pollos, directamente.

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