Miradas cruzadas 6. Reflejos. De Van Eyck a Magritte. Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid.

Miradas cruzadas 6. Reflejos. De Van Eyck a Magritte. Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid.

Al otro lado

En el charco de la realidad mundana que todos conocemos y de la que formamos parte de manera inevitable, flotan cosas que no son nuevas, asuntos con los que todos nos sentimos más o menos familiarizados. Hechos habituales.

A veces la ficción ofrece la posibilidad de dar un salto y pasar a la orilla en donde lo presente es genuino, no admite copia y además, se escapa a nuestro entendimiento. Las aguas de la ficción en ese otro lado de la existencia se mueven al ritmo de una corriente discontinua, a veces frenética y otras más bien en calma. Uno nunca sabe lo que va a encontrar en ese otro extremo del universo que palpa día a día y puede que viendo un cuadro, alcance a adivinar lo que allí se cuece.

La sexta entrega de la serie de exposiciones “Miradas cruzadas”, un ciclo que arrancaba el pasado mes de febrero con motivo de las conmemoración de los 20 años del Museo, se dedica en este tramo a los “Reflejos” en sus más variadas y posibles acepciones.

Se trata de una selección de obras sobre lo que vemos dentro de un cuadro y desde el punto de vista de aquél que lo está pintando, que lo está observando como espectador o que lo está imaginando. La respuesta visual a aquello que no se manifiesta explícitamente como motivo central de una pintura concreta.

De este modo, el enigma de lo que el artista quiere mostrar con su obra, se expresa en esta ocasión por medio de piezas en las cuales hay algo reflejado y multiplicado, o un elemento distorsionado que pone en duda la credibilidad de aquel que permanece de pie delante de él, tratando de buscar similitudes entre la información del título y los trazos que devuelve el lienzo.

Como botón de muestra, la más perturbadora creación de las que pueblan la sala del Thyssen, a entender de la que esto suscribe: El viaducto de Paul Delvaux (1963).

Miradas_Cruzadas_Thyssen_2.jpg

“A través de la imagen Delvaux revela el misterio, fuente de poesía y de extrañamiento, pues, aunque todos los elementos del cuadro son realistas, el conjunto de la imagen no lo es. El mundo onírico y el mundo natural se funden uno en otro, engendrando de este modo lo extraordinario”.

(Giséle. Ollinger-Zinque)

Y así es como una lamenta, más que en cualquier otra circunstancia, el no estar viviendo en Madrid por más tiempo, el regresar a este país sólo de visita y prendiendo con alfileres esos asuntos interesantes, curiosos y desconocidos que se ven pasar por delante, flotando y arrastrados por la corriente.

En el Museo Thyssen Bornemisza y hasta el 16 de septiembre. No se lo pierdan, si pueden.

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