Lotus Eaters

Lotus Eaters Alexandra McGuinness; 2013

Let them eat flowers

“Nube gris: riega todo el jardín, todo el jardín, todas las flores que no probé”

[“Valiente”. Un día en el Mundo. Vetusta Morla. Pequeño salto mortal. 2008]

A Odiseo lo trajeron de cabeza los vientos del Norte: a él y a sus hombres la ventisca les llevó a desviarse hacia la tierra en la que vivían los lotófagos, que de tanto comer, habían olvidado hasta de dónde procedían.

Alexandra McGuinness debe de haberle dado al Loto bien a gusto, igualmente. Con su última película parece haberse olvidado de sus declaraciones o acaso ha perdido el pudor al atreverse a estrenarla.

Lotus Eaters es poco más que 78 minutos de juventud y belleza echada a perder con una elegante fotografía en blanco y negro.

Ostentosamente semejante a las creaciones de Sofia Coppola y sin alcanzar la nimia aunque digna profundidad de aquellas, esta cinta repasa a los guapos y las guapas que ven pasar la vida con la mirada perdida, de lo ciegos que van y de lo poco que físicamente alcanzan a ver.

Un grupo de jóvenes con mucho estilo y dinero deambula por las terrazas y los clubs de Londres, asiste a fiestas privadas y no se priva de vicio alguno. De todos ellos, Alice (Antonia Campbell-Hughes) parece querer despertar del letargo y “sentir” la vida por una vía alternativa al onanismo de su comunidad: se enamora, se interesa por ser actriz, sufre la pérdida… un intento, un amago fallido de salirse del círculo.

Sin que el espectador sepa en ningún momento de dónde proceden las libras que abastecen a esta chavalada, ni dónde se esconden sus padres o familiares, la cinta avanza, muestra sin implicarse la falta de cordura de sus personajes.

Sabores de Les Liaisons Dangereuses (Las amistades peligrosas, Pierre Choderlos de Laclos, 1782) pringando el regusto general de la película, con sus enredos sentimentales apenas esbozados y la figura de la malvada envidiosa que no adolece de otra cosa de que de pura falta de juventud.

Por lo demás (que ya digo que es poco) verán carne y hueso lozano, ropas exquisitas de último diseño, alcohol, cocaína, algún asomo de orgía y muchísima ignorancia junta.

Y todo esto ¿para qué? Imagino que lo habremos olvidado.

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