Super 8

Super 8. J. J. Abrams, 2011

Donde viven los monstruos

Hay quien se aburre con las historias para niños, porque son inverosímiles o previsibles, o demasiado blanditas o excesivamente insistentes en lo de “transmitir un determinado valor humano”. Hay quien confunde las historias para niños y las malinterpreta, o se traga un bodrio monumental adulto adulto, que en realidad no hace más que contar un cuento infantil, envuelto en madurez de palo. Esas cosas suceden todos los días dentro del apasionante mundo de la construcción de historias en el cual se inscribe el cine, por supuesto.

Sin perder de vista la intención de un cuento infantil, Super 8 pretende hablarnos de lo importante que es seguir adelante en la vida, sin mirar atrás hacia viejos rencores, viejos dolores o viejas frustraciones. El problema es que le sobra marshmallow y le falta tabasco al asunto.

Uno no se termina de aclarar con el espectador objetivo al que se aspira a llegar con esta historia y como sucede casi siempre que hay un malentendido, hablar mal es lo más fácil. Demasiados insatisfechos he escuchado ya comentando la película y no los juzgaré, insisto: dificultades hay para descifrarla.

Y si hacemos una lectura paciente y escarbamos un poco en la trama, podría tratarse de un entretenimiento para niños con mensaje para adultos (¿y/o viceversa?). Vayamos por partes:

La cuchipandi del pueblo se divierte filmando una película en formato super 8. Son los añejos años 70-80, camisetas de rayas de colores y pelos largos, bicicletas y furor por el cine gore. Entre los chavales, el prota ha perdido a su madre en un accidente laboral y está enamorado de la chica más rubia del barrio (Elle, la menor del clan de las “hadas Fanning”, dos hermanas casi sin ojos…).

En pleno rodaje sucede lo inesperado, hay un extraño accidente, en el que un tren de tropecientos vagones se fostia contra un coche, todo se rueda con la cámara y nadie se entera de nada. A partir de ese momento, el Ejército del Aire trata de ocultar al vecindario los detalles reales de lo que ha sucedido.

Será el héroe pubertoso el que lo resuelva (qué duda cabe) pero lo más importante de su descubrimeinto no será esa parte fantástica sino la personal y real, la que le haga comprender que amarrado al recuerdo nostálgico uno no avanza sino que se estanca, que se le enquista la vida y que no se desarrolla.

Hay que saber dejar morir ciertos recuerdos y desprenderse de lo que nos sobra. Algunos “no quieren estar aquí” y por eso, es mejor que se vayan.

3 comentarios sobre “Super 8

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