La piel que habito

La piel que habito; Pedro Almodóvar; 2011

¿Hay alguien ahí?

Hace una semana que me planté en la butaca del cine para aceptar la última película de pedro Almodóvar, pero siento que nuestra relación hace aguas y que este intento reciente por recuperar el pasado y disfrutar juntos -sus películas y yo- es insalvable. Ya no hay ninguna posibilidad “por pequeña que sea de salvar lo nuestro” (La flor de mi secreto, 1995). Se acabó. Se terminó.

Siento pena, porque hubo momentos dichosos en los realmente creí ser feliz viendo su cine, observando la realidad con sus ojos, esos que nos presta a los espectadores cada vez que miramos una película suya. Lástima me da saber que esta vez no han sido sus oídos los que me han deleitado con la banda sonora tan magnífica de obras anteriores, contrastes sonoros que chocaban con gracia y se mezclaban para enseñarnos lo bonito que puede ser algo a priori incoherente. Duele bastante. Esta vez no he sentido nada.

O bueno sí, sí que he sentido algo: he sentido vergüenza, unas ganas locas de ponerme a gritar en medio de la sala oscura, un arrebato de indignación al imaginarme a la troupe de turno presentando la película nada menos que en el Festival de Cannes (Dios santo, delante de tanta gente… Tierra trágalos y que no vuelvan).

Sería absurdo tratar de remontarse a un pasado que no va a Volver (2006). A Pedro Almodóvar se le va la pinza y eso no es nuevo, pero en sus idas de olla encontramos grandeza o al menos encanto, que no es poco. Los delirios del manchego nos gustan a los que nos gustan y los odian todos aquellos que nunca se llevarán bien con su trabajo, eso no hay quien lo cambie. Imperativo histórico.

Pero esto último no tiene perdón.

Yo, que me cuento entre sus seguidoras y no me avergüenzo de ello, que considero que sus locuras son a veces mucho más cuerdas que la realidad que uno vive, borraría de mi memoria si pudiera cada uno de los planos de La piel que habito, porque me sobran y porque me molestan. El problema es que no puedo.

Me cuesta desprenderme de una historia en la que habitan unos personajes estrafalarios que como siempre dicen barbaridades y se restriegan unos con otros, pero esta vez son molestos, más de la cuenta.

¿Será eso lo que busca el señor Almodóvar? ¿algún tipo de venganza por habernos portado mal con él? muy cruel me parece, aunque uno nunca sabe.

Trato de dar forma positiva a mis opiniones sobre La piel que habito y no me sale. Si es bien cierto que uno no debe buscar comprensión en las películas que firma este hombre, también lo es que uno se acomoda en ellas, que se ríe de sí mismo y de los demás llorando de rabia por lo que cuenta y al revés. Así es él y eso es lo que hace. Sin embargo, me enfrento a una especie de homenaje al sentimiento lésbico que es (opino) esta última película y los porqués se separan de los cómos igual que los polos opuestos de un iman. Se repelen y distancian.

La piel que habito habla de una venganza, del odio hacia el macho dominante y el amor al amor puro pero ¿a quién se lo cuenta?. El protagonista es un Antonio Banderas transmutado en la piel que habitaría el presidente Rodríguez Zapatero (una observación de mi madre con la que me sigo riendo, una semana después) y a su cobaya de laboratorio la interpreta Elena Anaya, con mono de neopreno y sin él. Almodóvar le pide a Marisa Paredes (más Eusebio Poncela con peluca que nunca) que Hable con ella (2002) mediante un interfono, como si fuera brasileña y como si fuera la única persona con la que se le permite comunicarse a la lozana jovencita. El resto es Almodóvar.

Resistir hasta su final es una prueba de fuego y doy fe de muchos que a medias se han rajado. Pasen y vean, si se atreven.

3 comentarios sobre “La piel que habito

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  1. Ja, ja, muy bueno el puntazo de Zapatero y Poncela, ja, ja. Bien, ya sabes que a mi sí me gustó la peli, y creo que se puede decir l que sea, per no que carece de argumento, porque si algo hay es guión y además manejado con coherencia, una coherencia extraña, pero coherencia, en definitiva. ¿No te gustaron los planos? Pues a mi me parecen una maravilla estética, que además no son valdíos o para lucirse, sino que cuentan cosas, tienen un sentido en la obra, bien sea porque nos muestran la soledad o la crueldad, o porque introducen un salto temporal. Me sobró el tigretón, también toda la parte de la hija, pero en general creo que si algo tiene es ser una historia muy bien contada y cerrada. ¿Componente lésbico? Este lado se me escapó, de verdad que no entiendo a qué te refieres. En realidad, el divorcio existente entre muchos y buenos cinéfilos españoles y su director más famoso reside en el hecho de que no se sienten para nada identificados con los ambientes y personajes que aparecen en sus películas. Ese submundo de folkóricas, travestidos, manolas, petimetres o pedorreras les es más ajeno que un coro de plañideras del Celeste Imperio. Pero observando el fenómeno almodovariano al margen de las líneas argumentales, el genio de P.A. se manifiesta en el control absoluto que tiene de su obra, de principio a fin. En hacer el cine que le da la gana al margen de académias y nominaciones, aunque luego le duela. Guión, fotografía y música son de calidad máxima, hasta el punto de que en muchos festivales se siguen sus películas sin comprender una sola palabra de lo que dicen sus personajes. Pero claro, nadie es profeta en su tierra…

    Bueno, no te doy más chapa, saludos!

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  2. Hola, babel.

    La estética en el cine de Almodóvar creo que es siempre la misma y me gusta, si doy a entender lo contrario pido disculpas, no me refiero a eso. Es la película en su conjunto lo que me ha espantado.

    Entiendo que con “Carne trémula” se hablaba de hombres, de masculinidad y testosterona; que con “Todo sobre mi madre” de la maternidad y las entrañas uterinas; que con “La mala educación” se recreaba don Pedro en el gracioso trasero de Gael García Bernal, por ser aquella historia de temática más gay que ninguna otra. Siguiendo esa lectura, yo veo en “La piel que habito” un despliegue de mensajes de rechazo al sexo masculino, mostrado como violento, dominante y posesivo.
    Considero además que el protagonismo de Elena Anaya, los cameos de Barbara Lennie y las canciones Concha Buika son guiños más que intencionados, pero ¡vaya usted a saber!.

    Saludos y gracias por tus palabras.

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  3. María…

    siento estrenar mis comentarios en tu blog discrepando… Te escribo desde mi habitación, flanqueada por un poster de Volver y otro de Los abrazos rotos. Esto te dará una pista de que soy fan incondicional de Pedroooo y la verdad es que tengo que reconocer que no soy imparcial haciendo críticas de sus películas porque todas me gustan. Si hace una mierda pinchada en un palo… me gusta. Esto no quiere decir que La piel que habito sea tal, la he visto y me ha encantado y me ha puesto los pelos de mi propia piel que habito de punta. Creo que es estéticamente impecable y la música de matrícula de honor.
    Almodovar es un cinéfilo empedernido y para mí siempre será un tipo que ama el cine y se divierte creando historias. ¿Que cada vez se le va más la olla? Yo se lo permito, y que siga mucho tiempo…

    P.D: ¡¡¡Siempre he pensado que Marisa Paredes y Eusebio Poncela son la misma persona!!! Pensaba que era la única en el mundo que lo creía…

    un beso, guapa!!

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