Interview

Interview (Theo Van Gogh, 2003) vs. Interview (Steve Buscemi, 2007)

La fogatilla de las vanidades

Cuando planteamientos sencillos sirven para dar un empujón a reflexiones más complejas, uno se siente agradecido, sorprendido, satisfecho y en paz consigo mismo y con la información que lo rodea. Así debería ser siempre, pero las ocasiones son pocas.

Interview llega al espectador casi por sorpresa, pese a lo que pueda uno haber investigado sobre ella, lo cierto es que se trata de una película extrañamente clasificable, que se parece más a una obra de teatro que a una producción para la gran pantalla y que no deja indiferente a nadie, en cualquiera de sus dos versiones.

La creación del desaparecido Theo Van Gogh (La Haya, 23 de julio de 1957 – † Ámsterdam, 2 de noviembre de 2004) es autenticamente independiente y modesta, como sólo puede serlo una película holandesa cuyos protagonistas se llamen igual que los personajes a los que interpretan. Ácida y rotunda, la Interview de 2003 nos cuenta la historia de Katja y Pierre como estereotipos anónimos de nosotros mismos, los que nos cargamos de prejuicios egoístas y vanidosos, levantamos barreras imaginarias para defendernos de los demás, sin haberlos llegado a conocer pero convencidos de haberlos calado enseguida. Nosotros, quienes en cuanto se nos abre una puertecita secreta y casual a la auténtica personalidad del otro, creemos haber sido iluminados místicamente y aceptamos la derrota y el fracaso de nuestras concepciones previas, nuestros errores, nuestra mala conducta… y sin embargo nos aprovechamos de ello, otra vez.

De eso también habla el cuarto trabajo tras la cámara de Steve Buscemi, pero llega por otros caminos, porque se pierde en el reconocimiento de sus dos intérpretes: Sienna “en-esta-foto-llevo-un-bolso-de-Prada-colgado-del-brazo-con-mucho-estilo” Miller y él mismo, un secundario con demasiado carisma para ser olvidado de una película a otra. La Interview de 2007, se asume diferente y no por casualidad: el trabajo de Sienna Miller y de Steve Buscemi no es ni mejor ni peor que el de la pareja holandesa de la versión original, pero el espectador es consciente de la fama que los precede a ambos y ve la película, probablemente, con algún prejuicio en el bolsillo.

¿Es esto algo malo? en absoluto, es sólo otro recurso para contar lo mismo y llegar a idéntica conclusión: que de las brasas de la vanidad, no se salva nadie.

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