Pickpocket

Pickpocket, R. Bresson, 1959

Un verdad incómoda

Una característica que suele copar el protagonismo en cada uno de los textos referidos a Robert Bresson (Francia 1901-1999) o a cualquiera de sus 13 largometrajes es que se trata de un cine nuevo, que se pretende transgresor y especialmente provocador; un cine para que se hable de él y se escriba sobre él; unas teorías, o apuntes, o notas sobre el cinematógrafo.

Podría resultar molesto, centrar una vez más estas líneas en el desarrollo de dichas propuestas sobre el cine “bressoniano” y por ello, lo que sigue será el comentario, liberado de posibles opulentas digresiones, de la película Pickpocket. Nada más.

Bello ejercicio experimental. Pickpocket es una llamada de atención al espectador, para que observe lo que se mueve e interactúa a su alrededor y en lo que no repara por estar demasiado ocupado en vivir su propia vida y no la de los demás. Los protagonistas de la cinta, son títeres humanos de delicadas y hermosas facciones que se mueven automáticamente y no hacen más que observar, con el fin de no ser observados mientras roban. Hurtos de poca monta como auténtica filosofía de vida, en un mundo que es el nuestro y en una sociedad que se dibuja real.

La historia: el amor.

El film destaca por su concisión (y no sólo “física” ya que apenas se extiende más allá de unos atípicos 73 minutos de duración): Michel persigue algo en alguna parte sin saber muy bien de qué se trata ni dónde comenzar a buscarlo; por el camino, encuentra excitante la sustracción de objetos personales y dinero a los incautos viandantes, mientras salta de un espacio a otro dejando todas las puertas abiertas; pero la meta aparece en donde menos se la espera: la dulce Jeanne, la cuidadora de su moribunda madre, es en esa realidad trazada por Bresson, su alma gemela.

¿Qué queda para el espectador en esta película? ¿Qué espacio de esa realidad ficticia y sin embargo, verdadera, se ha reservado para quien la observa en la pantalla? La respuesta es que hay poco. Pickpocket será necesaria para entender a Bresson, pero no es del todo cómoda para simpatizar con su trabajo .

Y punto.

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