Una historia sencilla

Una historia sencilla. Leila Guerriero. Barcelona: Anagrama, 2013.

Un trazo

Las líneas más expresivas en un dibujo son siempre sencillos trazos, a penas marcas que, vistas en conjunto y a cierta distancia, se identifican inmediatamente, se reconocen por el ojo de quien las observa. Parece simple pero no lo es en absoluto.

Para contar que en la ciudad de Laborde, al sureste de Córdoba, se celebra anualmente un certamen de danza folklórica cuya mayor peculiaridad tal vez sea que, quien la gana, no puede volver a participar nunca más con su baile ni en ese ni en ningún otro certamen, Leila Guerriero acude a su estilo claro y pausado, amable con el lector, un estilo con el que suaviza interpretaciones y acomoda la comprensión sin requiebros, sin filigranas ni piruetas narrativas.

Sencilla, como un trazo correcto y expresivo sobre el papel, esta historia resulta tierna y emotiva.

Me gusta mucho la forma en que se cuenta Una historia sencilla, porque no se acude a un planteamiento complejo: un pequeño grupo de bailarines en un contexto humilde, para quienes la persecución de la gloria es motivo más que suficiente y justificación para el esfuerzo desmedido que implica. La danza de malambo requiere de un taconeo a diferentes ritmos para los cuales se valora la simetría, la resistencia y la estructura con las que se desempeña el bailarín; durante un máximo de 5 minutos se compite ejercitando repiqueteos frenéticos. Quien más y mejor resiste el ejercicio, gana.

Parece sencillo.

Una historia sencilla sigue a estos bailarines y a sus familias que son apoyo determinante, antes, durante y después de la competición, retrata el sufrimiento físico, el agotamiento y la presión psicológica por ganar un premio que no es ni dinero ni más trascendencia que el reconocimiento de la propia ciudad de Laborde y del conjunto de Argentina, donde está considerado como el más importante del país.

No es sencillo en absoluto.

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