Algo que está bajando

Contó las monedas: setenta y tres céntimos y dos rulos de veinticinco euros cada uno fuera de la caja. Anotó la suma y apagó el ordenador. Con la tienda  por fin en calma pudo concentrarse en su tarea: dejó caer las monedas, se dejó sorprender por su tintineo cantarín al golpearse entre sí. Una delicia. Las contó de dos en dos para ir más rápido aunque él nunca tenía prisa por llegar a ningún sitio. Le gustaba sentirse eficaz y ágil. Con eso bastaba.

La tienda se quedaba en silencio en cuanto desconectaba el hilo musical y el aparato del aire acondicionado interrumpía su murmullo.

Al bloquear el interruptor general de la luz ese silencio casi le estallaba en el oído. Clic.

Entonces algo comenzó a bajar.

Primero le pareció líquido que descendiera por la cañería: un borboteo como si el edificio sufriera una mala digestión, como si varios litros de aguas fecales hubieran decidido desprenderse en ese momento por la tubería. Sonó de golpe y sonó muy fuerte.

Recogió sus cosas y entró en la despensa para lavar un vaso que había usado aquella tarde. Al abrir el grifo escuchó la cañería y reconoció un sonido distinto al anterior. No, no había sido el agua.

El ruido regresó.

Bajó por la pared.

Con su mochila en la mano permaneció inmóvil junto a la puerta de salida: no quería que ningún otro sonido camuflara u ocultara aquel otro misterioso ronroneo al otro lado del tabique.

Tomó las llaves para activar la alarma y entonces lo que escuchó se convirtió en algo que, estaba seguro, se arrastraba desde la rendija del zócalo hasta donde él estaba. Sintió los movimientos desde allí, en el almacén del fondo y cada vez más cercanos a la puerta por lo que se apresuró en activar la clave y salir.

Echó la llave.

Bajó la verja.

Dio dos vueltas al candado del exterior.
Algo que había bajado se había quedado allí y, muy probablemente, esperaría por él hasta la mañana siguiente, cuando regresara para abrir la tienda de nuevo.
O no: pprque entonces se dio cuenta de que al día siguiente le tocaba abrir a su compañera. Recordar que era su día libre le ponía siempre de buen humor

2 comentarios sobre “Algo que está bajando”

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  1. Pues no te voy a negar los múltiples beneficios terapéuticos que reporta encasquetar un marrón a un tercero. No hay nada más liberador que verse reconocido en los instintos primitivos de supervivencia y aceptarlos tal como florecen, sin cuestionarlos ni etiquetarlos.
    En ningún momento se me pasó por la cabeza que el relato iba a ir en esa línea, brillante idea.

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