Plop. Rafael Pinedo. Madrid, Salto de página, 2011
A la mierda
Dicen que uno se va a la mierda cuando comienza a complicarse su existencia, que la estabilidad se resquebraja y entonces, igual que la misma mierda, aquello que perjudica, daña, amarga y ahoga resulta que invade la vida de uno. Las cosas se vuelven hostiles. Los días, la acumulación de infortunios que, unos encima de otros, van levantando una montañita de desazón acaba cubriéndolo todo hasta que uno desaparece y se lo traga la desgracia.
Y todo se va a la mierda.
Plop es un cuento sobre un personaje que existe, por definición, en el fango. Simbólica y explícitamente, Plop nace, se desarrolla, convive y sobrevive en el mismo barro. La sociedad en la que Plop hace uso, abuso y destrucción del prójimo es una sociedad de hombres y mujeres organizados en sectas, tribus, grupos de cazadores de otros hombres y mujeres, recolectores de hongos y bayas que convierten el canibalismo y la violencia ritual en un modo de vida. El único posible.
Además de desagradable, porque nada grato es leer cómo estos individuos se someten unos a otros de todas las formas posibles a cambio de un lugar y una jerarquía en su grupo, Plop es un relato exquisitamente construido sobre lo que no existe. Un mundo de mierda, un terreno en donde sólo el agua de la lluvia se bebe y donde todo lo demás es lodo contaminado; una vida, la de sus protagonistas, condicionada por la consagración a unas normas impuestas que cohartan la libertad de expresión, de actuación, cuyo desobedecimiento está penado con la muerte o la castración violenta y dolorosa. La sociedad en que habitan Plop y los demás personajes de esta historia, se deja guiar por la tradición, repite ritos y obedece al anciano líder hasta que muere.
Alguien lee en algún momento.
Y todo se va a la mierda.
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