Never Let Me Go

Never Let Me Go; Mark Romanek; 2010

Sobre la tristeza

Desde aquí, se hacen esfuerzos por no tocar siquiera de lejos el delicado temita de las adaptaciones cinematográficas de trasuntos literarios, pero se ha estrenado la película basada en la novela de Kazuo Ishiguro, Never Let Me Go (Nunca me abandones) y teniendo en cuenta anteriores entradas a este blog, parece que toque hablar de ello.

Un dramón donde los haya, cosa que la novela no era tanto… pero no sigamos por ese camino y atajemos por el de las consideraciones morales que la película plantea.

Consideración número uno: que en el pasado/futuro ficticio propuesto para el argumento, la sociedad haya logrado erradicar enfermedades a día de hoy incurables, gracias a la utilización de los órganos vitales de clones humanos (llamados donantes) creados a tal efecto. A priori, la historia no pretende que a nadie se le erice el vello de emoción al imaginar semejante escenario pero es justo ahí en donde se despierta lo interesante de la versión escrita: una novela en la que un personaje cuenta sus experiencias como clon y sus relaciones con otros clones, sin ahogar al lector con ñoños romanticismos. Se trata de un punto de vista subjetivo que sin embargo, permanece ligeramente distante de los acontecimientos a los que va haciendo referencia, porque no podemos olvidar que quien habla es un producto desarrollado por el hombre y no un hombre (o en su caso, una mujer) real.

La película, además de transformar con las licencias oportunas algunos momentos no demasiado importantes de la trama -pero que al fin y al cabo los transforma y no deja de ser algo molesto- resulta que convierte esa imaginativa historia de un donante entregado a la explicación sus treinta años de vida, en la descripción de una aburrida relación a tres bandas. De ahí que la consideración moral número dos, el guión de la película se lo salte a la torera, a saber: que los humanos responsables del cuidado de los niños-clon antes de llegar a la edad de la primera donación, sean capaces de ejercer su trabajo sin tomar especial afecto por tan indefensas criaturas ¿acaso sea lo mejor mantenerlas en la ignorancia del futuro que les aguarda? Sabiendo quien está contándonos la historia, las infinitas y jugosas posibilidades que dicha situación aporta, resulta penoso y triste que no se aproveche más.

Y es que triste lo es bastante. Más de uno llegará al final de la película con una mezcla de dolor, pesimismo y grima ante lo que ha visto que no va a saber organizar del todo antes de reincorporarse a su vida cotidiana.

Menos mal que sigue existiendo el libro, cuya lectura uno dosifica y administra a su gusto y por supuesto, interpreta como mejor le interesa.

Un comentario sobre “Never Let Me Go

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  1. Tendré que leer el libro, pues. Porque la película no me desagradó, salí bastante satisfecha y además técnicamente tiene buena factura. La reseñé en sentido positivo, aunque sobre las consideraciones científico-
    eticas la verdad es que pasa bastante de puntillas para centrarse en el melodrama propiamente dicho. Una se pasa toda la película pensando aquello de por qué no se revelan ante la situación ninguno de los miembros del trio protagonista, y para usted de contar. ¿Te confieso algo? cuanto más tiempo pasa, y una vez bien digerida la peli, menos me gusta lo que escribí, porque cuanto más pienso en ella más defectos le encuentro a este film.

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