Maté a un tipo

Maté a un tipo de Daniel Dalmaroni; Compañía “Bambalinas Asesinas”; dir. Juan Codina.

¿Y qué?

Debe de tener algo de especial que en tu propia familia haya alguien que se dedique a asesinar gente. Si dicha circunstancia se cuenta con humor y con una falta absoluta de pudor, quizás surja una obra de teatro sin más complicaciones y sin otras pretensiones además de que el público se divierta… “y la voluntad”.

Maté a un tipo, escrita por el argentino Daniel Dalmaroni, llega al espectador en forma de enredo interpretativo, por cortesía de cuatro actores bien asentados en sus papeles, convencidos de la tarea que les ha tocado ejercer en tanto que “actantes sin complejos” para una historia sin vergüenza. Pocas cosas en el maravilloso mundo de las bambalinas podrían impedir que Sergio, Aisha, Anaïs y Tonino dejaran de funcionar como “comparsa cachonda” de una historia de violencia como ésta. Quizás una de ellas fuera la falta de ganas y de momento, parece que tienen de sobra.

Sería deshonesto comparar esta pieza tan afilada con el humor negro y facilón de historias como Delicatessen, por ejemplo, y por eso mismo no va a establecerse comparación alguna en este espacio. “Bambalinas Asesinas” tiene su propio sello de identidad, la marca de la intención: quieren que su público olvide lo que le pasa y entre al trapo con el cuento de un Buster Keaton llamado Ernesto, que confiesa a la grandilocuente de su esposa Marta que no es tan piltrafilla como todos piensan y que tiene un vicio que debería ir pensando en dejar. Darle más vueltas sería meter la pata (o “pisar el palito”) hablando más de la cuenta.

Los vicios inconfesables que todos llevamos dentro, que acabamos descubriendo a nuestro más íntimo círculo familiar, que condicionan nuestro comportamiento. La lucha por el papel dominante entre los que viven con nosotros el día a día, las horas de nuestra jornada: papás y maridos, esposas e hijas… y un psicólogo preguntón.

Pero ¿qué más da si la vecina tiene un estilo de vida sexual tan complicado y escandaloso? ¿Acaso nos importa que las madres no se entiendan con sus hijas, o que los maridos no entiendan a la gente?.

¿Y qué si maté a un tipo?.

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