Federico Fellini. El Circo de las Ilusiones

Federico Fellini. El circo de las ilusiones. Obra Social “El alma de La Caixa”. Caixa Forum de Madrid.

I don’t belong here (What the hell am I doing here!)

Caminar por la obra de Federico Fellini desde el suelo de una sala de exposiciones, tener que alzar la cabeza cada vez se topa uno con un boceto, una fotografía, un mural, un cartel, un cuaderno, un garabato, una secuencia: el cuerpo de ella en el agua de la Fontana y él, el hombre entre los hombres, que se descalza para acompañarla en su alocado impulso de madrugada.

Todo eso y muchas cosas más es El circo de las ilusiones, una iniciativa de la Fundación La Caixa que acoge el Caixa Forum de la capital desde el 14 de julio de este año y que, si uno es considerado hacia la labor social que sus sentidos deben tener para sí, no debería perderse.

Fellini es una de esas personalidades influyentes que se pasea por las mentes de tantos y tantos artistas que se creen originales, pero que no lo son. Nos gusta Fellini. A unos más que a otros, a muy pocos de manera global, con todas sus aristas y al cien por cien de sus redondeces, pero a todos nos atrae Federico, porque su trabajo es presencia que a veces insulta y molesta, pero no puede evitar ser arte.

El arte de Fellini, de acuerdo con las estupendas explicaciones que recoge el documental proyectado al inicio de la instalación, es cine “intermediario entre la realidad y su percepción… explora incesantemente la importancia de la imagen y la veracidad del mensaje que vehicula”.

Así se alcanza la espléndida y memorable secuencia de la Fontana di Trevi. Lo que provoca el visonado de este fragmento de La Dolce Vita, independientemente del nivel cultural, extracto social, gustos personales o inclinación sexual de quien la observa, es que no puede dejar de observarse una vez que se ha materializado como objetivo de la mirada: Anita Ekberg interpreta a una famosa actriz americana, que en plena borrachera durante la madrugada su estancia en Roma, se suelta de la mano de su apuesto Marcello-Mastroianni-acompañante, para darse un baño en la fuente.

El resto es historia, aunque asistiendo a esta exposición, uno descubra que el origen de “esta historia” es más real que la carnosidad de la Señora Ekberg: en 1958, el fotógrafo Pierluigi captura a la actriz refrescándose en la fuente, y varias fotografías son publicadas por la revista Tempo.

En 1960 se estrena La Dolce Vita.

Hasta el 26 de diciembre en el Caixa Forum de Madrid.

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