Diario de la guerra del cerdo

Diario de la guerra del cerdo. Adolfo Bioy Casares. Barcelona: Penguin Random House, 2022.

Werther’s Original

«…pues bien: hoy soy yo el abuelo y doy a mi nieto mis Werther’s Original, porque él también es alguien muy especial».

Anuncio de caramelos en 1998

Lo inquietante de aquel anuncio de 1998 no era que el abuelo le diera caramelos a su nieto, eso sucede en las mejores familias (en las otras no, y por cierto que son precisamente esas las familias sobre las que se escriben las novelas) lo raro de aquella estampa era ver la perfección del envoltorio, la pulcritud del anciano y lo repeinado de ese chaval que fruncía la nariz como un conejo cuando se metía en la boca un Werther’s Original.

El cinismo cruel y terrorífico que carga este texto de Bioy Casares de 1969 bien podría relacionarse con esa inquietud perversa que a mí me invadía el cuerpo cada vez que veía el anuncio por la tele. En Diario de la guerra del cerdo, de la noche a la mañana y sin explicación, los jóvenes se propondrán aniquilar a los viejos y se establecerá así una guerra apocalíptica en la que una generación va a acabar con la anterior, va a eliminar todo rastro de sí misma, renunciará con ello al terror de verse en el futuro como privada de facultades, de energía, de juventud.

Contada desde el punto de vista de un hombre que no es anciano pero que ya acusa los estragos de la edad madura (pierde los dientes en el primer capítulo y se lamenta, se duele ante su propia decadencia) Diario de la guerra del cerdo advierte la estructura más o menos cronológica de unas notas con saltos irregulares y elipsis puntuales. Isidoro Vidal asiste perplejo al despertar del odio contra los suyos, viejos inútiles asesinados a golpes, torturados como sabandijas en plena calle por los más jóvenes sin que nadie pueda hacer nada por evitarlo.

Ellos se esconden, se apartan de lo visible, dejan de exponerse por miedo porque, por algún motivo, la sociedad ya no los acepta.

Una narración inexplicable que pone a la ciudad de Buenos Aires y al área de Palermo como escenario para el fin de todo, la renuncia al avance del tiempo y el auténtico exterminio.

Se han hecho muchas interpretaciones que relacionan esa guerra inventada del autor con la represión política que se vivía en Argentina durante la dictadura del año en que se publicó. Son todas muy interesantes y desde aquí las recomiendo para jóvenes, mayores y para ti, lector: porque tú también eres alguien muy especial.

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