Contrato con Dios. La vida en la avenida Dropsie

Trilogía Contrato con Dios. La vida en la Avenida Dropsie (Contrato con Dios, Ansia de vivir, La Avenida Dropsie); Will Eisner; trad. Enrique S. Abulí y Raúl Sastre; Norma Editorial; Barcelona; 2007

Urbanismo judío

Mucho cuidado con andar diciendo por ahí que uno disfruta leyendo cómic o que es aficionado a la novela gráfica sin más, porque las palabras no siempre se las lleva el viento: A veces quedan enganchadas en alguna rama, en el limpiaparabrisas de un coche o en el barrote de una puerta y hay alguien que las recoge. Si eso ocurriera, mi consejo es que se acojan a la lectura de este volumen de ultraligeras 520 páginas y que se relajen, porque valen la pena.

Son las tres historietas que se cuentan en este libro, un memorable compendio del saber hacer artístico, si como tal, contemplamos no sólo al preciso y abrumador estilo en la ilustración de cada viñeta, sino también al empaque creativo de los argumentos que narra.

Como si se tratara de una vida humana, la Avenida Dropsie a que el título se refiere, es una zona urbana imaginada por Will Eisner (Nueva York, 6 de Marzo de 1917 – Florida, 3 de Enero de 2005) ubicada en el Bronx de Nueva York, que nace, crece, se reproduce y muere ante los ojos del lector.

En el prólogo a la edición más reciente de la trilogía, Eisner señala que las historias reflejadas son producto de sus experiencias personales -como casi siempre sucede- y resulta revelador conocer que incluso se sirve de ellas como purga o recurso expiatorio de tragedias y dramas que hubieron de marcarlo en el pasado. Es el caso de Contrato con Dios, una historia en la cual no es preciso profundizar demasiado para reconocer la importancia concedida al dolor por la muerte de un hijo, que se desgarra visualmente sobre páginas enmarcadas en tinta negra, muy negra.

Asociada desde el comienzo al contexto judío -tan judío como el propio Will Eisner- la Avenida Dropsie va a experimentar cambios, los achaques de la Historia, algunos dañinos y otros no tanto. Como testigo de transiciones importantes en la sociedad neoyorkina del pasado siglo XX, por sus callejones van a transitar paisanos con fortunas dispares. Irlandeses de espíritu colonizador construirán los edificios y las parcelas ajardinadas que más adelante serán ocupadas por afroamericanos, hispanos e italianos; los hippies y los yonkis se arrastrarán por los bajos abandonados, una vez que la especulación inmobiliaria y la crisis financiera convierta en ruinas lo que habían sido viviendas de prestigio… Una vida tras otra y un cuento tejido al siguiente, con imágenes y con palabras de las que no se lleva el viento, como sólo los cómics pueden contarlo.

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