A Quiet Passion

A Quiet Passion. Terence Davies, 2016

Celebración

Llámenme rancia, pero a mí esto del “día de las escritoras” me suena a postizo capilar. Como quien se planta un moño de pelo prestado para una fiesta y luego se lo quita, vaya.

No sé. Escritoras las hubo, las hay y las habrá siempre, sólo que nadie miraba para ellas, porque se escondían bajo pseudónimos masculinos o porque directamente, ningún hombre llegaba a publicarles nada. Tal vez lo interesante sería trabajar cada día porque ya no nos llame la atención que la Historia haya estado siempre escrita por hombres, en general y no permitir que vuelva a ser así.

Pero bueno, si nos rasgamos las vestiduras porque a Bob Dylan le hayan dado el Premio Nobel, supongo que todo esto que he dicho tendrá el mismo eco que un conducto de aire acondicionado.

Puestos a celebrar días temáticos, bien podía celebrarse por ejemplo el del cruasán, que tantas alegrías de buena mañana nos ha reportado a muchos o el de la lavadora, que ni les digo la de dolores de espalda y sabañones que ha cortado de raíz.

En cualquier caso: hoy 17 de Octubre alguien ha decidido que debe pasar a recordarse como “El día de las escritoras” y yo, ayer, vi una película que cuenta la vida de una, así que me viene de perlas.

A Quiet Passion (lo siento mucho, pero Historia de una pasión es título de telefilm de sobremesa y me reservaré el derecho de evitarlo)cuenta la biografía de Emily Dickinson, poeta norteamericana del XIX con un empeño digno de una ermitaña, de mantenerse lejos del mundanal ruido y darse a conocer.

O eso nos cuentan en esta historia.

Recomiendo mucho que antes de verla, se lean ustedes este artículo/entrevista con el director Terence Davies para entender mejor y más fácilmente algunas de las exquisitas maniobras visuales de la película. En caso contrario, muy probablemente les resulte larga, lenta y hasta puede que “teatral”. Todo tiene un porqué y es estupendo cuando te lo explican.

Expondré aquí mis impresiones, porque soy ejemplo claro de perfecta desconocedora de la vida y la obra de la autora en cuestión.

Emily Dickinson es retratada como una rebelde de la doctrina puritana, que temerosa del mundo exterior y la distancia que la vida y las relaciones fuera de casa vayan a poner con su familia, sobrevive escribiendo poemas que sólo comparte puntualmente.

Esa rebeldía, expuesta como base de su comportamiento desde el primer fotograma de la película, parece volverse contra ella porque la aleja del mundo al cual ella pretende aferrarse: su padre, sus hermanos, su amiga… La historia avanza hacia la muerte de la protagonista y no sólo física sino también social. Emily se amarga, se aísla, su carácter se torna agrio y la enfermedad la envuelve hasta destruirla.

Maravillosa Cynthia Nixon y los miles de gestos capaces de proyectarse en su rostro en una sola toma (palabras del director, que son razón pura) terribles las agonías de los cuerpos enfermos que intervienen en larguísimos planos, que afectan al espectador y lo desesperan.

Una mujer extremadamente sensible, maltratada por la religión y la moral de una época al borde de la Guerra de Secesión.

Podrán decirme que entonces no se celebraba el día de las escritoras. Tendrán valor.

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