L’Eclisse (El eclipse)

L’Eclisse (El eclipse) Michelangelo Antonioni, 1962

Lo que la verdad esconde

Detrás de esta historia debe de haber algo que brilla. Igual que las farolas en plena noche y en algún rincón de la ciudad de Roma, igual que una ventana desprovista de cortinas en pleno día. Tras ella sucede algo que ilumina.

El eclipse: colección de símbolos visuales y sonoros explorados por Antonioni, en su línea. Una se lo espera. Se espera (con no poca ansia) la presencia de Alain Delon reventando su belleza y sex appeal ante una Monica Vitti salida del mismo glaciar alpino de Aletsch, por lo menos. Es como la vida, que creemos tener controlada hasta que nos abofetea en toda la cara.

Para contar este romance de unas horas, se echa mano de los contrastes y por supuesto, la fotografía en blanco y negro ayuda bastante. Ella huye de un fracaso sentimental (de Paco Rabal, en concreto) busca a su madre, que suele ser el primer bote salvavidas de todo naufragio de pareja que se precie y entonces, irrumpe ese hombre de las profundidades de la bolsa romana y le tira la caña, obvio.

Pero El eclipse va a abofetearnos un poco, a medida que vayamos descubriendo junto a la protagonista, que la desesperanza a veces tira tan fuerte como la ilusión y que, la tarea de equilibrar ambas emociones suele ser casi imposible. Ese “casi” mantiene en activo al corazoncito pero tarde o temprano, una de las dos gana, oculta a la otra, la eclipsa.

¿Podemos prevenirnos del dolor? ¿Podemos anticiparnos a él y esquivarlo sin renunciar a los placeres de este mundo en el camino? Pues creo que fue Cicerón el que le dio varias vueltas a este asunto allá por el año 45 a.C. y bueno, muy posiblemente también Elsa Punset en estos días, no estoy segura. Esta película también.

A veces seríamos mucho más felices viviendo en la ignorancia.

2 comentarios sobre “L’Eclisse (El eclipse)

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  1. Qué curioso, anoche la estaba viendo. La Notte transita espacios parecidos, y que creo que me gusta un poco más. Me llama la atención, más que en aquella, el uso de localizaciones frías, deshumanizadas, muy del racionalismo arquitectónico italiano (viva el hormigón) en fin, Antonioni.

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