Alexa y el canguro

Esta historia es la de un orgulloso artículo decorativo que se creyó más importante de lo que siempre le habían dicho que era. Más importante que un adorno, mucho más necesario que un mueble esquinero e infinitamente más influyente que un revistero. Es la historia del canguro que pidió que investigaran sobre su pasado, porque estaba convencido de pertenecer a una larga estirpe de figuras cosidas a mano con cuero curtido que lo hacían merecedor de un puesto para “ser admirado” y en ningún caso, ninguneado.

Un buen día, el canguro porta-revistas de Doña A. vio el cielo abierto al encontrarse su dueña realizando una limpieza a fondo de las habitaciones más revueltas de su hogar. Con disimulo pero constancia, asomó sus orejillas por detrás del viejo sofá, apenas cubierto por una sábana y ella pensó “¡Vaya! De ti y ni me acordaba. Estoy segura de que sirves para algo” y comenzó a palparlo de arriba a abajo en busca de una etiqueta o ranura, capaz de darle la clave al enigma.

El canguro, ofendido hasta el fondo de su relleno y su estructura más interna, hinchó el pecho y dejó entrever un bolsillo arrugado sobresaliendo de su panza “¡Ahá! Tú llevas periódicos aquí dentro, ahora recuerdo…” y muy decidida en sus conclusiones, la señora A. agarró una pila de diarios que se amontonaban junto al rodapiés, y que no contaban con ser empleados para otras funciones además de la de envolver objetos delicados; los introdujo en el bolsillo y se paró a contemplar la escena.

Sí, ya tenía revistero.

Pero ¿qué pensaba el pobre canguro de todo esto? ¿Alguien le había pedido opinión? Por fin había logrado salir de la oscuridad y el polvo eternos, ver la luz y respirar los aromas de una casa provista de todas las comodidades propias de un hogar, cierto, pero el canguro -como ya hemos dicho- era orgulloso y no quería conformarse con una mediocre existencia de clase media, ni tan siquiera degustar los accesibles privilegios de una clase acomodada. No: el canguro quería llamar la atención de los medios, marcar tendencias y ser copiado hasta el agotamiento. No iba a consentir que nadie lo convirtiera en el ficus inerte de aquel salón.

En cuanto se sintió con fuerzas, buscó la manera de camelar al ordenador portátil que estaba siempre hibernado sobre la mesa del comedor. Desde la llegada de los dispositivos móviles y los teléfonos inteligentes a aquella casa, cada vez era más habitual verlo dormir en vez de trabajar navegando por la red.

Juntos dieron con una marca y un diseño que hicieron tiritar de emoción al pobre canguro, que ni corto ni perezoso se lanzó a la escritura de una carta de presentación. Pese a que la lengua inglesa no era uno de los puntos fuertes de su atractivo, gracias al inteligente traductor de la web, en seguida dieron con la solución al problema. Un mal menor, comparado con el ambicioso proyecto que el canguro se tenía entre patas.

La carta fue algo así:

Dear sirs,

I am writing in order to request information about the “Omersa Kangaroos”, which according to your website, are released since 2005 and mostly inspired by an original Spanish design.
Nevertheless, I have also noticed that MidMod Design are offering one that dates from the 60’s.
My question narrows down to this: I have recently received one leather magazine rack, that looks exactly the same to yours. I am sure its released before 1970 but it is not possible to find any label to be certain. I would like to know if it is an Omersa or just an old Spanish craft.
Please find attached some pictures of the piece. I trust you will find this information useful.
I look forward to hearing for you.
Thank you in advance.
Yours faithfully,
L.K.

Le pareció que lo de las iniciales como “Leather Kangaroo” aportaban una misteriosa sofisticación, muy acorde con los propósitos que iban circulando por su mente.
Ni corto ni perezoso -otra vez- ofreció a la computadora sus mejores perfiles y frontales para que éste lo fotografiara y enviaron el e-mail a los pocos minutos. Nada podía fallar.
Y pasaron un par de días, hasta que por fin llegó respuesta de algún punto de la geografía británica:

Dear L.K.,
Thank you for your e mail.
I have looked at your photos and the pictures of the kangaroo at MidMod Design.
Mr Omersa did not make a kangaroo so the information on MidMod is not correct. From what I can find, I believe they were originally made in Spain by a company called Almazan. This company is no longer in existence and I can find no further information unfortunately.
My guess is that Almazan was making leather animals during the 70’s, 80’s and possibly 90’s. But I do not know when they originally started or finished. So very vague information I am afraid.
I hope this is of some help.

Many thanks
Josie Dale

¡Oh no! Si Josie Dale estaba en lo cierto, sus orígenes no se remontaban a la prestigiosa firma inglesa sino muy probablemente a una casa de manufacturación española, mucho más vieja de lo que él pensaba ¿en serio podría tener todos esos años? Se observó de nuevo en el reflejo de la pantalla y no pudo dejar de maravillarse ante lo bien que se conservaba pese al paso del tiempo: ni un descosido ni un rasguño, una piel tersa como el primer día que muy probablemente, habría de remontarse a más de cuarenta años.
Alguien le dijo al canguro, que en unos grandes almacenes del centro de Londres podían contemplarse cientos de figuras con formas de animales, de todos los tamaños y cosidas con una técnica prácticamente igual a la suya. Entre ellos, sin embargo, no había ningún canguro.

Josie Dale no le mentía: él venía de otro sitio pero por eso, no dejaba de ser especial. Lo era mucho más que si hubiera sido confirmada su teoría y su “etiqueta” inglesa.
Y una tarde, mientras compartía con el ordenador unas horas de aburrimiento y husmeaba por las redes sociales, dio con algo que le hizo sonreir y que aumentó su orgullo de canguro-revistero: la fotografía de Alexa Chung, una de esas mujeres cuyo corte y color de pelo se muestran en salones de belleza para ser reproducidos en cabezas de mujeres que poco (o nada) tienen que ver con ella, que vista como vista será piropeada porque dentro de toda prenda, ella nada con sus huesos infinitos y que además, es muy guapa, esa mujer, había subido a su perfil de Instagram una imagen de su habitación, en la que se la podía contemplar escribiendo en un laptop y sentada, posando su diminuto trasero encima de uno de esos animales cosidos a mano con cuero curtido.

Uno que era casi como él, porque no era un canguro, sino un toro. Sin otra función que soportar el pobre peso de Alexa sobre su lomo.

Entonces el canguro, sí se sintió verdaderamente importante.

 

4 comentarios sobre “Alexa y el canguro

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