La dificultad del fantasma: Truman Capote en la Costa Brava. Leila Guerriero. Barcelona: Anagrama, 2024
Confesiones
No estamos muy habituados a escuchar o leer el testimonio de autores que, tras una residencia literaria, independientemente de la duración y la ubicación que ésta tenga, la acaben sin haber conseguido llegar allí donde se esperaba que lo hicieran con su trabajo.
En ocasiones, algunos confiesan que en esos días, semanas o meses se dedican a leer (devoran libros) o a intercambiar reflexiones con otros residentes, si los hay, pero poco más. El exhaustivo trabajo de escritura enfebrecida que imaginamos que los posee a todos cuando se les encierra en una casa prácticamente incomunicada con el exterior es más mito que otra cosa, al menos eso es lo que he oído y también eso es lo que me han dicho.
Pero el no terminar una residencia literaria con un manuscrito bajo el brazo no significa que se haya fracasado en ella, ni mucho menos: gran parte del oficio de escritura es también oficio de lectura por lo que, sólo teniendo en cuenta eso, ya se gana mucho estando retirado un tiempecico con los gastos pagados y leyendo a diario sin otra (pre)ocupación.
Lo que Leila Guerriero viene a contar en este curioso texto remite a su estancia en la residencia literaria Finestres en 2023. Allí fue a investigar sobre otra estancia, la de Truman Capote durante algunos de los meses en que escribió A sangre fría y aunque encuentra pocos testimonios veraces sobre aquella primavera-verano de 1962, elige contarnos en qué piensa ella, con quién habla, cómo se organiza y por qué se frustra o no con los resultados de su trabajo. Todo sin perder de vista un impecable estilo literario.
«Me empeño en descubrir qué hay de mentira y qué hay de verdad en datos que son de una banalidad vergonzosa […] Nada de eso explica cómo era Capote mientras estuvo aquí. A lo mejor me empeño en seguir pistas de una estupidez escalofriante por una deformación profesional: la necesidad de enmendar alguna cosa…»
[p.101]
Durante la escritura de La dificultad del fantasma, la autora, según explica en el propio texto, intercambió correos a diario con Rodrigo Fresán que la aconsejó y asesoró con recomendaciones de lecturas y alguna anécdota personal vivida junto al propio Truman Capote. En el libro también añade que coincidió en la residencia con Sabina Urraca y Marcos Giralt Torrente, menciona sus desayunos, sus cenas… y yo admiro la elocuencia, el ser capaz de construir así un relato que, en el fondo, parece que no llegue a donde hubiera querido pero que haya crecido alimentándose con lo que le ha ido sucediendo.
También hay quien recibe una beca de este estilo y regresa a su casa con libro y contrato literario de publicación, quien no lee nada durante la estancia y quien, abiertamente, la dedica a estrechar vínculos sociales con el gremio escritor. La viña de un señor, ya se sabe.

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