Todos nos acordamos de la horrible experiencia de la pandemia por el covid-19 cada vez que vemos un cartel que nos insta a lavarnos bien las manos y preservar unas condiciones mínimas de higiene pero yo, además, cuando veo uno me acuerdo de Suiza y, especialmente: de los jefes suizos.
Una asociación extraña, sin duda, que también me pasa cuando veo una escobilla de water.
Los diners, bares, pubs, cafeterías y demás garitos neoyorkinos contenidos en el amplio espectro de la restauración tienen todos algo en común: sus aseos ilustrados, no porque incluyan un estante con libros (que alguno he visto que sí) sino porque en ninguno falta el letrero de:
«Employees must wash their hands before returning to work»
La OSHA (Occupational Safety and Health Administration) impone este requerimiento y en todos los establecimientos con servicios de este tipo debe haber un cartel que indique se se cumple. Los carteles, eso sí, son al gusto de cada uno y es ahí donde la creatividad se desata y podemos encontrarnos de todo.
Ahí es cuando yo recuerdo mi trabajo en el almacén de pescado de Thun. Allí, el retrete se coronaba con un cartel en formato DIN A4 y un mensaje cuyo contenido abstracto soy capaz de recordar y textual he olvidado después de once años de verlo a diario:
«Ein Blick zurück, ein mal noch besser…»
«Antes de marcharte mira a ver si puedes echarle un ojo a cómo dejas el WC y asegúrate de limpiarlo» decía, más o menos.
Día tras día la presión de cumplir con el deber nos vuelve rebeldes. En los aspectos relacionados con la higiene no me parece mal insistir, ojo, pero pero que dieran por sentado mi naturaleza sucia, asilvestrada, poco civilizada y desconsiderada no me gustaba nada.
Así que me pasé diez días recordando disciplinas de tiempos pasados y rogando por que ninguno de los employees de todos aquellos diners a los que acudimos se sintiera con espíritu perverso justo a la hora de servirnos a nosotros.
Otro apunte: conviene dejar propinas siempre, por lo que pueda pasar.

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