Los neoyorquinos están hartos de su ciudad y echan pestes del ruido, la contaminación, el turismo de masas y los desproporcionados precios de la vivienda, pero aun así viven allí más de ocho millones de personas. Algo tiene la ciudad que continúa atrayendo a gente desde todos los rincones de la Tierra, a pesar de todo y de todos.
Después de pasar allí algo más de una semana, además, he descubierto que no sólo personas continúan llegando a la Gran Manzana para quedarse cuando las cosas les van bien: desde hace décadas una especie de ave migratoria ha modificado su conducta y ya no abandona la ciudad en busca de otros climas.
Sí, podemos decir que el «ganso canadiense» ya no es canadiense y ha pasado a ser neoyorkino.
Cuando me cruzo con uno en la Main St. de Roosvelt Island (una isla que sólo tiene una calle, de ahí el elocuente nombre que recibe) mi amigo J. nos cuenta su historia.
—Probablemente hayáis oído hablar de esa marca de abrigos con el mapa de Canadá en la manga izquierda…
Plumíferos de lujo (cada prenda roda los mil euros) la empresa, de origen canadiense, se ha ido expandiendo por todo el mundo. Sólo en Nueva York cuenta con veintisiete puntos de venta oficial ¿puede que hubiéramos visto una de sus boutiques en el SOHO el día anterior? Muy probablemente.
El señor ganso prosigue su camino y se reúne con un grupo de quienes deben de ser sus familiares, todos ellos Canadian geese de segunda (o tercera generación) a la fresca en la isla residencial.
Antes estaban en Nueva York sólo de paso y regresaban al norte. Hoy las cosas han cambiado y las zonas residenciales de la ciudad alojan también a bandadas de gansos orgullosos de pertenecer a la tierra de las oportunidades.

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