«Los ojos de Timoteo»
[Artículo publicado en DOZE Magazine el 15/04/2013]
Puede que cansado de tanto monstruo, fantasma, personaje esperpéntico y musical a medias, el director de cine de los amantes del gótico y el chiste surrealista haya decidido ponerse un poco serio y trabajar en una biografía de dos artistas que estuvieron casados, enfrentados y divorciados por culpa de su obra, de los enormes ojos que plantaban a los retratos que pintaban, tal vez juntos o tal vez no, de eso tratará la película, suponemos.
Tim Burton comienza el rodaje de la biografía de Margaret (Tennessee, 1927) y Walter Keane (Lincoln, Nebraska, 1915 – Encinitas, California, 2000) con las caras de Amy Adams y Christoph Waltz en sus papeles respectivos. Un lujo que esperemos que se exprima y se aproveche con sentido del gusto.
Bien empezamos, sabiendo que el guion corre a manos de los creadores de Ed Wood, Scott Alexander y Larry Karaszewski. Si sólo se toman la mitad de en serio que en aquella ocasión, la vida de estos dos personajes, es más que probable que el resultado sea otra pieza memorable. Ed Wood se contaba con el mismo sentido näif que tanto marcaba a las películas de aquel director de cine: era inocente y espontánea, no juzgaba a su protagonista sino que se metía en su situación y trataba de que nosotros, sus espectadores, viéramos las cosas de la vida con el mismo entusiasmo que las veía él, perfectas, maravillosas, “¡listo y a positivar!”.
La que se anuncia con el provisional título de Big Eyes será la historia de estos dos pintores, que acabaron lanzándose sus caballetes a la cabeza por proteger su sello, su firma y su nombre. Porque durante los años sesenta, Margaret decidió que era una buena idea vender todos sus cuadros (los pintados por ella, los pintados por su esposo Walter y los pintados a cuatro manos por ambos) bajo el nombre de él. Cosas del pasado que a día de hoy nos escandalizan pero que por aquel entonces, sólo llegaron a escandalizar con un efecto bastante retardado.
Los Keane trabajaron en la idea de un tipo de retrato desproporcionado, de rostros infantiles llenos de color y con la particular característica de poseer, todos, unos ojos enormes (como los de Candy-Candy para quien se acuerde ¿acaso el anime viene de aquí?).
Para cuando la señora artista quiso reclamar su identidad como tal y disfrutar de los derechos de una marca propia, ya era tarde. Fue complicado. Hubo hasta un jurado que asistió a una sesión de dibujo y pintura in situ de los dos miembros del matrimonio Keane.
Lo que sucedió después lo tienen en la Wikipedia, pero aconsejamos que aguarden al estreno de la peli. Pensamos que va a merecer la pena.
Imágenes extraídas del sitio web de la Keane Eyes Gallery de San Francisco.

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