Por Qué Asylum Supera a la Primera Temporada de AHS

«Devil Came to Stay»

[Artículo publicado en DOZE Magazine el 06/02/2013]

Ganarse la confianza de un público decepcionado es complicado. En un segundo intento puede una esforzarse mucho e introducir elementos atractivos sin perder de vista los orígenes, o por el contrario, buscar la renovación al 100%, olvidarse de lo que un día fue y, como el Ave Fénix: volver a nacer.

Eso debieron de pensar los productores de American Horror Story cuando optaron por renombrar al conjunto de la serie como “antología”, estableciendo cada temporada como una historia independiente. Eso al menos se imagina una cuando después de tragarse doce infumables capítulos en la primera entrega, descubre aliviada que la segunda es harina de otro costal.

American Horror Story: Asylum, la segunda temporada de la serie del canal FX no sólo gana puntos respecto a la primera, sino que logra (afortunadamente) que el espectador se olvide de que un día existió aquella otra, que la vio y que hasta fue capaz de acabarla.

El sanatorio Briarcliff, antiguo centro de recuperación de enfermos de tuberculosis, en el año1962 está dirigido por la Iglesia Católica. Allí envían a criminales con supuestas perturbaciones mentales y hasta allí acude Lana Winters (Sarah Paulson), periodista ambiciosa y tenaz, en busca de la clave que resuelva el misterio de una estatua que “llora sangre”.

Pero el gran atractivo de la trama no se encuentra en este planteamiento de arranque, ni tampoco en las muy diversas historias que se mezclan y enredan según se avanza en capítulos, no: lo mejor de Asylum es la ambigüedad morbosa que persigue a cada personaje, el sentido siniestro que cuesta tanto identificar pero que nos persuade como espectadores a quedarnos un episodio más, extrañamente, inevitablemente.

Jessica Lange, que ya en la primera entrega brillaba como única lucecita en medio de todo aquel tinglado de casas encantadas y terrores de palo, aquí encarna a la hermana Jude, uno de esos personajes ante los cuales el espectador siente rabia y atracción a partes iguales, al que desea conocer y comprender de tan malo y tan abyecto como se lo pintan. Porque la pintura del escenario de esta segunda temporada de American Horror Story es otro acierto a tener en cuenta para comprender el buen funcionamiento de la misma.

Se ubica a los personajes en un espacio cerrado, un manicomio ruinoso que además contiene pasillos secretos y cámaras selladas; se rodea de un bosque en donde por la noche se suceden extraños acontecimientos, poco humanos y para colmo, el mando de todo se concede a la Iglesia, quien ya tiene bastante trabajo con librar su propia batalla contra el Maligno, que se ha colado en el edificio y se lo pasa teta jugando a las posesiones.

Por esta vez y sin que sirva de precedente, se aconseja saltarse una temporada completa de una serie para disfrutarla y no odiarla: sigan sin perder detalle cada capítulo de los trece que comprenden Asylum y, si la curiosidad les mordisquea el trasero, acudan como mucho a los títulos de crédito de aquella primera sección: son una joya.

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